sábado, mayo 28, 2011

Pérez-Reverte se pronuncia sobre el 15M

Ya saben los más antiguos lectores de este humilde blog lo mucho que admiro (y debo) al bueno de Arturo Pérez-Reverte, que, aunque muchas veces no estoy de acuerdo con él (sobre todo cuando emite juicios apresurados y sin madurar, que lo hace), no deja de ser mi referente moral de la adolescencia. Por lo tanto, imaginen las ganas que tenía de oir su pronunciacion sobre el 15M.
Pues bien, lo ha hecho, y como no podía ser de otra manera, ha estado a la altura. Aquí les dejo sus palabras:

15M. El día en que los españoles se negaron a seguir siendo cómplices.

Hacía mucho tiempo que no me sentía orgulloso de la gente. De mis compatriotas. No sé si servirá de algo, pero #acampadasol ha sido ejemplar. Perfecto. Consolador. Higiénico. Tampoco sé qué diablos pasará al final. Si se mantendrá la limpieza o al cabo también el 15M se transformará en lo de siempre. Lo que me importa es qué ha ocurrido. Que los españoles han dejado de ser cómplices pasivos. Borregos silenciosos mientras los esquilan y degüellan.

Ahora sé (sabemos) que las cosas son posibles. Que cuando se lo proponen, los españoles, o lo que seamos, dejan de ser una harka de francotiradores individuales. Que es posible conseguir que los corruptos, los incompetentes, los irresponsables, los hijos de puta, dejen de creerse impunes.

Ahora, los sinvergüenzas que gobiernan o los sinvergüenzas que aspiran a gobernar saben que es posible amotinarse en 24 horas. Amotinarse de verdad, pacífica y civilmente. Para esto o para lo que sea. Ojo: para lo que sea. El futuro es largo y ancho. Es la principal lección. No va a cambiar nada de golpe, pero sí puede cambiar en el futuro. El fin de la impunidad. El miedo a la gente.

Lo de menos es lo que se pida o no. La utopía o lo razonable. Si es de izquierda o derechas lo que se pide. Aquí importa más el método. Eso es lo deliciosamente revolucionario del 15M: el método. Por desgracia el contenido está lejos. Esas listas electorales con 1.000 imputados lo prueban. Por eso lo que de verdad interesante de esto es el método. En cómo la gente lo ha visto e interpretado. Ahí está la gran novedad.

Esos políticos de toda laya desconcertados por fin. Acojonados. Corriendo luego para hacerse allí una foto que les negaron. Y ese magnífico, espectacular, miedo que pueden tener a partir de ahora. Han visto, al fin, el campo de minas. Espero. Porque es bueno que los políticos le tengan miedo a la gente. El miedo de un político es la mayor garantía de su rectitud. ¿Qué otro freno tiene un político sino el miedo? Esos canallas arrogantes llevaban demasiado tiempo creyéndose a salvo de todo. Ahora saben que no están a salvo de nada. Que son vulnerables. Me encanta que esa pandilla de funcionarios de la golfería institucionalizada se sientan vulnerables, por fin. Y ojalá no se infiltren en esto los canallas. Ojalá no se transformen en políticos quienes ahora tienen la palabra de tantos en su boca.

Tengo una duda no resuelta: ¿Es bueno seguir en la calle, o se perderá el efecto? Me pregunto si no sería más eficaz la táctica de guerrilla. Golpear simbólicamente, disolverse, volver a golpear en caso necesario. Disolverse, reunirse, golpear con la palabra y la dignidad y desaparecer de nuevo. Hasta la próxima. Concentrarse cada vez, para luchar con la palabra y el número. Abrumando a los canallas, que se sientan vigilados y no duerman tranquilos. Con esa amenaza siempre ahí, difusa pero real, nunca se corromperían tranquilos. Ni nos corromperían. Por eso me preocupa que se mantenga artificialmente lo que ya ha sido un éxito en ese sentido. Que eso pueda matar la eficacia.

En esta ocasión han sido 30.000, o 50.000… La próxima pueden ser 200.000. O más. Bastaría un chispazo para desencadenarlo de nuevo. Unos cuantos cabreados o desesperados con un teclado y Twitter o facebook o lo que sea. Una ocasión próxima y el saber que puede hacerse. Que ya se ha hecho. Ha nacido, en mi opinión, una temible, incruenta y modernísima forma de guerrilla urbana. Una amenaza que del sentido común depende sea grotesca al fin, o permanente, limpia, desinteresada y global.

Mi resumen es que, si hay rescoldo razonable, y hemos visto que lo hay, siempre se le puede echar gasolina. Si hace falta.

Y una cosa más. La extrema derecha ha demostrado que sí. Que hay una estúpida extrema derecha. Yo creía que era un invento de los golfos de turno, y resulta que no. El tratamiento de algunos medios ha sido para echar la pota. Pero claro, tontosdelculo con orejeras los hay a diestra y siniestra. La gilipollez no tiene ideología, sino psicopatía ideológica.

4 comentarios:

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

El texto me parece interesante, especialmente sus últimos dos párrafos. En otros puntos me pregunto si el bueno de Pérez Reverte no ha querido salir demasiado guapo en la foto finish del 15m... Y si no le hubiera venido mal un poquito más de mojarse el pandero.
Pero sí. Podría dar una docena de nombres de hipotéticos periodistas con prestigio que han escrito infinitamente peor sobre lo ocurrido.

Ethos dijo...

Una cosa te puedo decir, y es que me he leído toda su obra (artículos incluidos) y no rompe para nada su discurso. De hecho, esperaba a que mencionara el asunto porque sabía que le iba a gustar, aunque admito que creía que le iba a dar más bombo y, sí, que iba a mojarse más.

bujum dijo...

Así que no escribimos desde mayo...

Ethos dijo...

¡Señorita Bujum, qué grata sorpresa encontrarla por aquí después de tanto tiempo! (y además con su antigua cuenta de blogger). Si se fija bien, llevo sin escribir desde abril, pues las últimas dos entradas no salen de mi mano. Pero en realidad, la que tiene más delito aquí es usted, que lleva más de un año y además sin un blog donde hacerlo. Espero que este nuevo acercamiento haga que le pique otra vez el gusanillo de "lo blogueril" y podamos volver a disfrutar de sus pequeñas y literarias paranoias ;)

Un saludo.