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lunes, abril 25, 2016

En la muerte no hay libertad. Hay nada. Y sobre la nada sobran todas las palabras del mundo. La nada es muda, ciega, inanimada, no piensa, no siente, no razona. Solo nada. No hay tranquilidad, no hay belleza, no hay música, no hay lágrimas, no hay melancolía, no hay esperanza. NO HAY NADA.

domingo, julio 15, 2012

Primer acto de renacer

Aquí en esta lápida en la que he dejado escritos mis sentimientos más absurdos y mis ideas más trágicamente estériles –trágicas por haber soñado alguna vez final distinto al de la senda inconclusa-, debo de nuevo hacer notar en ella, para que todas, y no sólo unas cuantas de esas ideas mías, puedan ser olvidadas o ignoradas juntas y en silenciosa complicidad, otra estéril y trágica idea, que me ha sido dada con mucho pesar y bajo circunstancias terriblemente tristes.

El hecho es que la poesía, que con tanto esmero acurruco en mi pecho, sólo existe como mero esperpento una vez me decido a sacarla fuera a la realidad candente de sol y frutas, y ojos vivos, y rizos. Son monedas ralas, extravagantes, incluso interesantes, pero al fin y al cabo sin valor alguno. Curiosidad circense es lo único que arrancan de la gente real. Y es que hilvanar palabras con pasión se me ha antojado ya demasiadas veces como dibujar con esmero una casa con intenciones de vivir en ella para caer en la cuenta al término que sólo son un montón de garabatos en un papel. Y la decepción y la tristeza me embargan sin poder evitarlo.

Quiero pensar que todo se resume en que no hay lógica en estas lides. Que uno se convierte en un conmovedor idiota cuando intenta atrapar con la razón causas y efectos concernientes al amor. Que no existe poema sin poeta, ni poeta igual, ni amada igual, y que todo se mezcla y nos mezclamos entre variables indeterminadas y sueños y odios nuestros colocados frente a ese extraño universo que es otra persona.

Por eso pienso que escribir movido por el amor es un acto básicamente absurdo, cuyo resultado pasa siempre por el mar de aguas embravecidas que es el azar, y que quizá en ello radique tanta belleza suicida.

jueves, abril 05, 2012

Hablando de fusiles

-Tú serías un gran soldado.
-Yo nunca podría matar a nadie.
-¿No defenderías hasta la muerte a tu pueblo?
-Defendería hasta la muerte a las personas que amo, en mi pueblo hay mucho hijo de puta.
-Pero, ¿y si hubiera en el otro bando personas a las que quieres?
-¿Entiendes ya por qué no sería un soldado?

sábado, enero 28, 2012

La insoportable estupidez del médico

Hay una idea a la que le tengo un miedo especial y constante, que me obsesiona y me aterra. Esa idea es convertirme en un médico arrogante y estúpido que trate mal a sus pacientes y al equipo con el que trabaja.
Esta cuestión no me ha venido por arte de magia, sino que desde hace ya demasiado tiempo sufro un bombardeo constante de historias y anécdotas sobre actuaciones médicas más que cuestionables, por decirlo suavemente. Y no sólo son historias cotidianas, sino que también las veo en libros, noticias, artículos y programas de televisión. Diré más, toda referencia que oigo sobre la profesión médica es para criticarla y para quejarse de ella. Y esto me desmoraliza, me hace pensar una y otra vez, ¿me van a odiar mis pacientes? ¿Me van a tener por un engreído imbécil mis compañeros enfermeros, auxiliares, administrativos y celadores?

La increíblemente alta frecuencia de médicos petulantes me tienta a pensar que esa petulancia sea algo inherente a esta profesión, y que yo no pueda escapar a ella. Me pongo a pensar, a intentar encontrarle sentido... Pienso que pasar cuatro años (de los seis de la carrera) estudiando enfermedades y más enfermedades, juntas y a lo bruto; pasar cuatro años estructurando y esquematizando síntomas y signos para ubicarlos en su respectivo proceso patológico y así poder tenerlos bien a mano para la futura práctica, te forma, quieras o no, una visión fría ante tales acontecimientos morbosos. Y aunque no es lo mismo leerlos que vivirlos (como espectador me refiero; como paciente es otra historia), sí debes de mantener esa frialdad en la cabeza para actuar adecuadamente. La pregunta es, ¿de verdad esa necesaria frialdad diagnóstica sacrifica siempre y de forma irremediable la empatía para con el paciente? Los manuales dicen que no, pero yo no lo tengo tan claro, y a las pruebas me remito.

Ése es uno de los muchos factores a estudiar en relación a la estupidez médica, que con tanta obsesión quiero evitar. Hay otro mucho más importante y vergonzante, pienso, y es el elitismo tradicional que apesta en todo lo que es médico o huela a medicina. A este elitismo es muy fácil encontrarle la causa (etiología) pero muy difícil la cura o, incluso, la manera de prevenirlo (profilaxis), que es lo que más me preocupa. Las causas son, simple y llanamente, la dificultad de la carrera y la responsabilidad social. La carrera es de las más difíciles, luego acabarla reporta uno de los mayores méritos universitarios que hay; además, el médico es el que mayor responsabilidad tiene en la sanidad colectiva, es decir, en la salud de la gente. Eso, no se equivoquen, lo sabe hasta el último estudiante. (Voy a matizar una cosa, la carrera de medicina no es difícil respecto a la complejidad de conceptos, como sí lo es la carrera de física, filosofía o las ingenierías; la dificultad de la medicina radica en el enciclopédico número de datos que tienes que manejar, es decir, en memorizar y nada más). A esto hay que añadir que la carrera te exige forzosamente seis años (seis años) de dedicación plena, sino casi, en los cuales vives junto a la competitividad de tus compañeros, la altivez de tus profesores, y la completa displicencia de tus médicos de prácticas. Verdad es que hay muchas excepciones, pero la regla, la visión global de un estudiante de medicina, es esa. De ahí mi miedo a estar convirtiéndome en un arrogante asqueroso sin nisiquiera darme cuenta...

Si me apuran añadiré un factor más, y es que dentro de la que yo llamo la medicina hereditaria, hay un gran porcentaje de ésta que en realidad no lo es. En otras palabras, lo que muchas veces hereda el estudiante de medicina hijo de médicos no es la pasión por la medicina, sino facilidad intelectual y una educación demasiado consentida, con lo cual será lo bastante listo e idiota como para hacer medicina sin otro aliciente que a instancias de sus padres (tanto directas como indirectas). De esta manera tendremos a un bonito médico sin vocación, carne de burn-out, al cual sólo le quedará revolcarse en el fango de la superioridad social para tener un poco de felicidad en su vida.
Afortunadamente, ese no es mi caso.

He aquí mi problemática. Yo decidí dedicar mi vida a la medicina con un objetivo principal: ayudar a la gente, serle útil, porque con su gratitud yo sería el hombre más feliz del mundo. Si con las flores, el prestigio, la superioridad moral e intelectual, y todos esos daños colaterales, yo acabo convirtiéndome en un pedante-petulante-arrogante insoportable de los cojones y mis pacientes y la gente con la que trabajo acaba odiándome, habré tirado mi vida a la basura.

jueves, julio 28, 2011

Claro, el ser humano, ¿no te acordabas?

Uno está estudiando tranquilamente Microbiología: que si la bacteria tal, cuya estructura es tal, produce tales toxinas, que provocan tales lesiones, que dan tales enfermedades, las cuales se tratan con tal, etc. Y en esto que llego al Bacillus Anthracis, un bacilo normal, gram +, aerobio, esporulado... que tiene sus cosillas, como todas... y en diagnóstico voy y leo: "diferenciamos en cuanto a que tratemos con enfermos, o a que haya amenaza de guerras biológicas. Las esporas del Bacillus Anthracis usadas en estas guerras biológicas [...] son tratadas para hacerlas más pequeñas, para que se diseminen más fácilmente y puedan llegar mejor a los pulmones. [...] Cuando se trate de enfermos podemos usar laboratorios normales porque trabajamos con la forma vegetativa, [...] en cambio, cuando exista una sospecha de guerra biológica hay que usar laboratorios de bioseguridad 3, pues la modificacion antes mencionada a la que es sometida la espora hace que sea mucho más peligrosa."

Y entonces, uno, es decir yo, se quedan pensando: eh, oye, un momento. Yo estoy estudiando tan ricamente las cosas feas de la naturaleza, las pequeñas putadas que nos han sido dadas así al ser humano: que si una desafortunada cápsula y una desafortunada toxina en una bacteria hacen que pueda proliferar e infectar a una persona y matarla; o que cierta predisposición genética de la bacteria hace que se salte a la torera al sistema inmune y provoque fiebres delirantes... en definitiva, las razones por las cuales lo que hay a nuestro alrededor nos enferma, y hacia las cuales sólo hay resignación porque existan y todas las ganas del mundo para conseguir erradicarlas. Y de repente, sin solución de continuidad, sin alterar lo más mínimo la línea del discurso, sin etiquetas de ¡ATENCIÓN! ¡WARNING! o lo que sea, como si fuera un puñetero punto más de los apuntes, me pone: cuando la bacteria es normal utilizamos los laboratorios de toda la vida, y cuando los señores de la guerra biológica la modifican genéticamente, entonces usamos los laboratorios de bioseguridad 3. Pero, ¿cómo los señores de la guerra biológica? O sea, ¿me estoy matando a estudiar toda la mierda que puede llegar a haber en la naturaleza que pueda jodernos, para que ahora me vengan con que también hay inútiles mentales, sorprendentemente de nuestra misma especie, que ponen a punto a las bacterias para nos coman vivos más fácilmente, como si fueran un puto factor de virulencia más? Oh, sí, del Estreptococo Pyogenes hay que tener en cuenta que tiene cápsula polisacarídica, que presenta cuatro tipos principales de toxinas y que a los Libios se les puede ir la hostia e inhibir los polisacáridos reconocidos para que el Pyogenes acampe a sus anchas en las heridas y llegue a la fascitis necrotizante y la muerte sin ningún problema.

Lo primero que pienso es que qué asco de ser humano, tantos esfuerzos por evolucionar, por desarrollarnos y vencer nuestras adversidades, y seguimos matándonos entre nosotros. Qué vergüenza y qué triste. Pero luego pienso que no sé de dónde me saco la sorpresa, claro, el ser humano, ¿no te acordabas? Y pienso que estamos condenados a llevar siempre con nosotros en nuestra evolución, nuestra sempiterna imbecilidad.

miércoles, diciembre 15, 2010

Sobre el efecto de Internet en nosotros

Esto que dejo aquí es un post que ha publicado Marta Peirano en su "La Petite Claudine". Parece una soberana gilipollez en términos de ampliar el número de lectores el que yo cuelgue en mi blog algo que ella ya ha hecho en el suyo, ya que el mío juega varias ligas por debajo de éste (Marta es una merecida eminencia en la blogosfera), y, en esos términos, lo es. Simplemente lo reproduzco porque me gusta, porque es interesante, porque lo suscribo de arriba a abajo. Y ya está.
Aquí se lo dejo:

¿QUÉ LE ESTÁ HACIENDO INTERNET A TU CEREBRO?


¿Lees articulos interesantísimos de los que luego no recuerdas nada?¿Zapeas de enlace en enlace y te olvidas de dónde o porqué empezaste? ¿Pierdes interés después del tercer párrafo?¿Has cambiado la ficción por el ensayo o hace más de seis meses que no lees un libro?¿Se te va la mañana en Facebook,Twenty, Twitter, Flickr, eBay, Tumblr, Myspace o Youtube? ¿Compruebas la bandeja de correo constantemente? ¿Comes delante del ordenador?

Si la respuesta a tres o más de esas preguntas es sí, bienvenido al club: Internet te ha vuelto hiperactivo. Si no desaceleras y empiezas a leer libros de nuevo, te condenarás a un modelo de pensamiento superficial, basado en las decisiones instantáneas y la falta de concentración.

Eso es lo que dice Nicholas Carr, miembro de la liga All Star de periodistas de Nueva Economía y reciente autor de
The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains, donde explica que nuestros hábitos en la Red son lo suficientemente sistemáticos, repetitivos e instantáneos para reamueblar nuestro mapa neuronal y reprogramar nuestro proceso de pensamiento de manera casi irreversible. Cuando leemos en Red, explica Carr, nuestro cerebro está demasiado ocupado decidiendo si pincha o no en los enlaces, ignorando los anuncios y valorando el interés de los otros titulares para prestar atención a lo que lee, sin mencionar la interrupción constante de nuestros avisos de actualización (RSS, correo, SMS, etc). Al segundo párrafo nos impacientamos porque el navegador nos recompensa con deliciosas endorfinas cada vez que descubrimos algo nuevo, aunque sea irrelevante. O, en lenguaje psiquiátrico, cada vez que pinchamos un enlace recibimos una sardina. Leemos más que nunca pero no nos enteramos de nada, porque, como le ocurre al protagonista de Mad Men, ya sólo nos gustan los principios de las cosas. Todo lo que no nos proporciona la satisfacción inmediata de lo fresco, el subidón de lo nuevo o la velocidad de una introducción nos resulta insoportablemente aburrido.

Hay quien piensa que Carr es un ludita viejuno y que, al dejar que la tecnología dictamine nuestros hábitos de trabajo y de ocio, aumenta nuestra capacidad para utilizar dicha tecnología, somos mejores en Google, más rápidos encontrando lo que buscamos, más efectivos encontrando agujas entre la paja. ¿Para qué saber cuando se puede encontrar? Pero en esa carrera loca, advierte Carr, sacrificamos nuestra capacidad de hacer algo con esa información, abandonando los procesos congnitivos que llegaron a nosotros con la popularización del libro y que tienen que ver con la adquisición de conocimiento, la creatividad, el pensamiento crítico, la originalidad, el análisis y la reflexión.

Paradojicamente,
The Shallows se lee en un suspiro porque salta de la historia del libro a lo último en neurología como quien va de pestaña en pestaña, y ejecuta perfectamente la habilidad de decirte algo que ya sientes que es verdad, que el navegador se está quedando los mejores años de nuestras vidas y que todo lo que antes era importante -lo íntimo, lo reflexivo- ahora lo es menos, todo lo que antes era accesorio -lo popular, lo social- se ha vuelto esencial. Pero el tono también resulta incómodamente familiar: siempre que una tecnología altera nuestros paradigmas sociales, alguien se marea y vomita en el coche.

Jose Luis Brea celebraba, en su muy imprescindible
cultura_RAM (Gedisa, 2007), la transición de una memoria ROM (de almacén, de disco duro, estática) a la memoria RAM (de proceso, activa, de interrelación, producción y análisis) donde todos los monumentos del conocimiento caerán destronados por “la carga de potencia del instante presente”. Pero Jose Luis Brea no pasaba ni la décima parte del tiempo navegando que paso yo.

Será que Internet es como todo: si te pasas, no vale.

sábado, agosto 21, 2010

La época del "señorito satisfecho" (la vida como escalera mecánica, parte 2)

Escribí yo hace ya algún tiempo sobre una especie de apatía aburrida e insustancial que pulula por nuestras vidas como alquitrán espeso y pestilente. Pues esta idea, como era de esperar, ya se había expuesto mucho antes de que lo hiciera yo o cualquier persona de este tiempo (a pesar de que nos estamos refiriendo a un acontecimiento rabiosamente actual). Fue Ortega y Gasset quien, hace casi un siglo, pronosticó con todo lujo de detalles el tipo de hombre que colmaría las calles de hoy y tendría el control de la cosa pública. Él lo llamó el hombre-masa, y lo dotó de todas las cualidades que hoy inundan nuestras atiborradas almas.
Yo me quería centrar en este artículo en una de esas genuinas cualidades que presenta nuestro hombre-masa de hoy: la del niño mimado, y así le doy una segunda parte al cuento de "la vida como escalera mecánica".

Ortega y Gasset nos presenta a este hombnre-masa como un producto de los grandes avances tecnológicos y sociales del siglo XIX (recordemos que esto lo escribe a principios del XX): "La civilización del siglo XIX permite al hombre medio instalarse en un mundo sobrado, del cual percibe sólo la súperabundancia de medios, pero no las angustias. Se encuentra rodeado de instrumentos prodigiosos, de medicinas benéficas, [...]. Ignora, en cambio, lo difícil que es inventar estas medicinas e instrumentos y asegurar para el futuro su producción.[...] Este desequilibrio le falsifica, le vicia en su raíz de ser viviente, haciéndole perder contacto con la sustancia misma de la vida, que es absoluto peligro". Recibe todos estos avances como herencia de la historia, y por eso Gasset lo compara con el heredero aristócrata: "Este personaje [el hombre-masa] es el niño mimado de la historia humana. El niño mimado es el heredero que se comporta exclusivamente como heredero.[...] Nosotros tendemos ilusoriamente a creer que una vida nacida en un mundo sobrado sería mejor, más vida y de mejor calidad a la que consiste, precisamente, en luchar con la escasez. Pero no hay tal.[...] Es la tragedia de toda aristocracia hereditaria. El aristócrata hereda, es decir, encuentra atribuidas a su persona unas condiciones de vida que él no ha creado, [...] se encuentra en medio de su riqueza y sus prerrogativas. Él no tiene, íntimamente, nada que ver con ellas. Son el caparazón gigantesco de otra persona, de otro ser viviente, su antepasado. Y tiene que vivir como heredero, esto es, tiene que usar el caparazón de otra vida. Y, entonces, ¿qué vida va a vivir el aristócrata de herencia, la suya o la del prócer inicial? Ni la una ni la otra. Está condenado a representar al otro, por tanto, a no ser ni el otro ni él mismo". Después, Ortega y Gasset remata con: "Toda vida es la lucha, el esfuerzo para ser sí misma. Las dificultades con que tropiezo para realizar mi vida son, precisamente, lo que despierta y moviliza mis actividades, mis capacidades. Si mi cuerpo no me pesase, yo no podría andar."

Así es, pues, nuestra época, la época del "señorito satisfecho", llena de hombres falsificados. ¿Qué cómo se cura? Pues como todas estas enfermedades: conociendo la Hisotria, conociendo a todas esas personas a las que les debemos todo lo que nos rodea, leyendo, preguntándonos, etc.
Dice Pérez-Reverte, y con esto acabo, que para entender lo que somos tenemos que saber lo que fuimos. Pues eso.

domingo, agosto 15, 2010

Viaje a la Cataluña independiente

He pasado una semana en Cataluña, disfrutando del majestuoso circo romano de Tarragona, del maremagnum políglota de gentes que inundaban las ramblas de Barcelona, del grandioso techo del Palau de la música, de la cada vez más increíblemente bella Sagrada Familia... y, durante el viaje, no podemos evitar mis primos catalanes y yo, hablar largo y tendido sobre la independencia. El discurso de ellos, que yo entendí como el de la mayoría catalana no es tan elevado como se suele creer en el otro lado de las tierras españolas. Para entenderlos, lo único que hace falta es sentarse a su lado y escucharlos sin ningún tipo de juicio previo. Aquí recojo las ideas y los sentimientos que ellos me dieron a ver al respecto de la independencia de Cataluña, es decir, el problema visto desde dentro, y mis opiniones al respecto.

De lo que me di cuenta estando allí es que uno de los argumentos que todavía persiste en la mente de algunos catalanes como una resaca que no acaba de irse es el de la fascista represión española. Algunos (y recalco lo de algunos) la tienen tan calada que incluso ahora en cualquier movimiento del gobierno ven una sádica mengua de su identidad catalanista y una imposición a la fuerza de tradiciones españolas que nada tienen que ver con ellos. Por supuesto esto no es más que cierto resquemor que todavía les dura de la dictadura y que la mayoría no le da verdadera credibilidad.

Se podrían sintetizar, a mi juicio, en dos las razones de por qué los catalanes quieren independizarse y forman su propia nación: una es económica y la otra moral. La más importante de ellas, no se equivoquen, es la económica, que viene a resumirse así: las empresas catalanas producen muchos más beneficios que la mayoría de las empresas de otras comunidades autónomas, es decir, es un sustento bastante importante de la economía nacional. Así pues, los catalanes argumentan que el gobierno español se está llenando los bolsillos a su costa y que por eso mismo no les quieren dar la independencia, que ellos solitos son capaces de autoabastecerse. "Si Extremadura pidiese hoy la independencia se la concederían mañana mismo". En mi opinión tienen toda la razón en cuanto a que el gobierno central no tolera su independencia no por patriotismo sino porque no le sale rentable, al igual que considero egoísta y sin sentido lo de que se llenan los bolsillos a su costa porque estoy casi seguro (aunque no lo sé cierto) de que el Estado invierte proporcionalmente en cada comunidad autónoma en base a los beneficios que produce, con lo cual si Cataluña produce más también recibe más que otras comunidades.

El otro gran argumento es el moral, el patriótico. Antes que nada tengo que dedicar unas cuantas palabras en defensa del catalán como una lengua más, ya que el de la lengua es un discurso que todos los catalanes tienen clarísimo: hay que preservar el catalán, lo cual estoy completamente de acuerdo. Una lengua trae consigo la evolución histórico-social e incluso psicológica de una demografía concreta. Leyendo en ella encontramos el pasado de sus gentes, su historia y su identidad en cuanto a que conocemos sus derivas lingüísticas. Con lo cual sí, el catalán ha de sobrevivir, y para ello se han de tomar medidas públicas al respecto.

El argumento patriótico es muy simple: yo no me siento español sino solamente catalán, así que nadie tiene derecho a imponerme una nacionalidad que no siento mía. Para mí esto no tiene objeción ninguna, si todos los catalanes pensaran eso, a mi juicio, tendrían todo el derecho del mundo a independizarse. Dicho esto, sí quiero dejar algo claro en cuanto al patriotismo en general,y es que hay que llevar mucho cuidado con él porque el patriotismo es un arma de doble filo y se le tiende a dar más significados de los que posee. En otras palabras: esas distinciones que se crean entre las personas debido a la distancia geográfica (las costumbres, las regligiones, las lenguas...) son mucho más insignificantes que las cosas que nos unen por pertenecer a la misma especie. La patria, el nacionalismo, se deben interpretar como un acúmulo de circunstancias geográficas comunes que hacen que nos unamos más a las personas de nuestra región, nunca se debe entender el nacionalismo como un signo que nos diferencia de las demás personas de otros países porque las diferencias reales que hay son tan nimias y relativas (seguro que muchos alemanes o franceses o japoneses se parecen más a mí que algunos españoles) que no merece la pena crear esos abismos entre unos y otros que muchas veces suponen los gentilicios. Además de todo ello, estamos en el siglo XXI: la era de la globalización. La era de Internet y el neoliberalismo económico. Lo que toca ahora es que nos reconozcamos poco a poco en todos los rincones del planeta, y nos demos cuenta de que al fin y al cabo somos todos iguales en lo esencial: todos nos reímos, lloramos, sufrimos, amamos, etc. En este momento de la historia no podemos sino parecenos más unos a otros.

Así pues, respetaría la decisión si algún día se tomase, de que Cataluña sea una nación independiente, al igual que sigo defendiendo que las naciones, por la simple desvirtuación del sentimiento nacional, son peligrosas y para lo único que sirven es para alejarnos más entre nosotros.

domingo, febrero 28, 2010

¿De verdad que ni puta idea?

Aquí les dejo con la carta de la semana publicada el 24 de agosto de 2008 en el XLSemanal, una carta con ironía, mordacidad y cojones que me dejó con ganas de aplaudir al dueño, un tal A.P. de San Sebastián:

NI PUTA IDEA. Acabo de salir del colegio y me dirijo a la universidad. Soy hijo de la LOGSE, sobrino de la Play, primo de lo apocalípticamente correcto, dueño de mis padres y profesores. Soy el futuro de España –o como se llame para entonces-, aquel que tirará a la basura a sus papás –y mamás, disculpen- y pagará las drogas a sus hijos, el que escribirá “miembra” y “jueza”, el que irá a votar al más guapo –o guapa- cada cuatro años y mandará después una carta de queja al XLSemanal antes de coger un avión al Caribe; el que… Tranquilos, he sido entrenado largo tiempo para esta misión y, con mis conocimientos, la operación triunfo será un éxito. Sé un huevazo del cambio climático, de la ONU y el G-8, del peligroso peligro de las drogas, el sexo y la carretera, de lo superguay y paraguay que es esta democracia y de lo malos que son los otros, de los trastornos parapsicoinfantiloides que tengo, de mis derechos, de cómo escribir y mandar un SMS; de sujeto y predicado y dialectos meridionales y septentrionales, de Innterneté y Pagüerpoint, de lo chachi que es divertirse y de cuánto hay que aborrecer el estudio, las responsabilidades, la honradez, etc. No hay space para more, pero se hacen una idea. No se preocupen, ya me libré del lastre de la cultura y el conocimiento, ya olvidé lo poco que me impartieron. Qué favor me han hecho, Alá mío. Estense tranquilos, sosiego, paz y amor, muak y muak. No se preocupen, que no sé nada. De verdad. Ni puta idea.


Él somos todos nosotros, los que nos hemos criado en la opulenta sociedad que tan bien describe, los hijos de la LOGSE y sobrinos de la Play, y lo que grita esta carta es que a pesar de todo ello, de la demagogia, de lo políticamente correcto, de la educación infame y de la sobreprotección desaforada tanto tecnológica como social, somos gente que puede medrar en esta vida, que puede ser crítica y autosuficiente, que puede distinguir entre la cultura de verdad y las pseudotonterías que suelen enarbolar pseudoprogres pseudointelecuales (obvio mencionar a caducos conservadores por no tener cabida en este discurso ni en ninguno que se refiera al futuro de la sociedad, al menos desde esa postura). Frente a los que creen que en la juventud de ahora no hay más que mamones a remojo en alcohol que solamente sirven para masturbarse (metafórica y literalmente) y para ver Gran Hermano mientras comentan la jugada en el tuenti, tenemos que demostrar que no, que hay gente joven que de verdad se preocupa por lo que nos rodea y tiene curiosidad, y tiene redaños en salirse de la línea establecida por otros y labrarse su propio camino.

Que sepan todos ustedes que la juventud de este país no está perdida: sigue viva y llameante de curiosidad e ilusión.

viernes, febrero 06, 2009

Educación

Así de simple. Una puta y simple buena educación es lo único que hace falta para que casi todos los problemas que tiene la sociedad se solucionen. Pero somos idiotas hasta lo inimaginable y nadie mueve un dedo por nada, excepto por su propio beneficio a corto plazo (que esa es otra).

Intentemos buscar poco a poco la raíz del asunto. Problema: los alunmos de secundaria de hoy -obviando las cada vez más escasas excepciones- son unos prepotentes chulitos de poca monta, cargados de razones huecas asentadas en mentes aún pueriles. Con muchas leyes y poco cerebro, que creen que pueden igualarse a cualquier persona mayor que ellos. Esto desemboca en un pasotismo general dentro de las aulas, el cual -no se equivoquen- los alunmos creen lícito. No es que estén infringiendo nada, es que si están en SCR (sociedad, cultura y religion, la asignatura alternativa a religión de turno) ellos tienen derecho a jugar a las cartas "porque en esa clase no se hace nada", por ejemplo. Y claro, son veintipico contra el profesor. Por lo que sea (luego entraremos en los porqués) en la clase se va perdiendo poco a poco la jerarquía que existía (el profesor manda, los alumnos obedecen) por una inútil y estúpida situación de buen rollito. Al no ser obedecido el profesor pierde autoridad, al perder autoridad pierde la capacidad de influir y captar la atención de los alumnos y, por tanto de enseñarles. Y os recuerdo, señores, que la finalidad de la escuela (o instituto) es enseñar, educar, y nada más.

Expongamos ahora la situación social en la que viven los adolescentes contemporáneos. En primer lugar la television. Esta, con sus productos de dinero fácil (la pela es la pela), crean series burdas y facilonas cuyo único propósito es atraer a esa franja de la población comprendida entre los 12 y los 18 (años más años menos). Por ello dicha ficción se basa única y exclusivamente en situaciones sociales adolescentes en las que se explota sus hobbies y entretenimientos (dígase baile, grupos de música, arte urbano, etc), aliñado todo con su dosis de muertes, chutes y folleteo en abundancia. Así crean vidas que no existen, pues aunque esos hobbies sean absolutamente respetables, en la vida real no dejan de ser eso, hobbies: cosas que se hacen en el tiempo libre. Estas series eliminan de sus institutos las horas de estudio y sacrificio porque, es verdad, son aburridas y la gente no ve eso, pero hace que los telespectadores se acostumbren a esa vida en la que lo importante no son los estudios, es "triunfar" (y las comillas son todo lo insultantes y sarcásticas que puedo). Por lo tanto (y gracias a la alienación desinteresada de la tele) las prioridades y lo importante y no importante para los adolescentes se atrofia y se vuelve algo absurdo, y el instituto y los estudios se vuelven no sólo molestos sino algo de poca importancia.

Por otro lado (para terminar de contextualizar) está la feliz demagogia campante, y lo políticamente correcto de besarnos todos en la boca. Muac, muac. Y esa Justicia de barrio sésamo cuyo remedio es peor que la enfermedad. Un buen ejemplo de sus andanzas es aquel de aquella madre condenada a cuarenta y cinco días de cárcel y un año de alejamiento de su hijo de diez años (ojo al dato) porque hacía dos le dio una colleja al peque con tan mala suerte que se dio contra el lavabo y sangró por la nariz (más y mejor: http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=3767&id_firma=8050). Es decir, esa tirria que les da a todos últimamente por el cachete, por el golpe. Hoy, cualquiera oye el verbo "pegar" y se caga encima. Y es que para nosotros no hay término medio entre asesinato múltiple y hostia aislada. Nos negamos a darle valor pedagójico al guantazo porque pegar está feo, porque tú tienes más fuerza que el niño y no se puede defender, porque son tan tiernos y tan bonicos que eso sería una brutalidad.

Ahora lo unimos todo y tenemos la mierda que nos merecemos, por no pensar, por no hacer las cosas bien. Los profesores están acojonados porque quien tiene la sartén por el mango son los alumnos, y estos no aprenden nada ni se interesan por nada. ¿Cómo se soluciona todo? Lo he puesto al principio: EDUCANDO. Empezando por los padres que miman a sus hijos como si fueran de porcelana en vez de enseñarles que son ellos los que mandan. Con los niños no se puede razonar porque no nacen (no nacemos) con las bases morales para ello, se necesita que éstos las aprendan para que puedan razonar, y pensar por ellos mismos, y tomar sus propias decisiones. Por eso los padres tienen que imponerse y mostrar autoridad y respeto al principio para que los hijos sientan que lo que sus padres dicen va a misa. Y si se necesita algún bofetón en alguna situación concreta no pasa nada, no va a haber traumas ni secuelas ni polladas semejantes -y puedo dar fe de ello que ya me dieron las mías y las del vecino-. Que una cosa es el maltrato infantil y otra muy distinta el cachete por gamberro (huelga decir que el golpe siempre es en última instancia). Y en las aulas más de lo mismo. Lo que se busca es que los estudiantes recuperen el respeto y el interés por los estudios y eso sólo se consigue recuperando el respeto y el interés por lo que dice el profesor.

Así que, profesores y padres, demostrad que sois dignos de respeto y autoridad porque tenéis en vuestras manos lo más preciado del mundo: el futuro de la humanidad.
Y, gobierno de España, legisla bien por una vez en tu vida, haz el favor.

domingo, diciembre 14, 2008

Nuestro hogar



Es tan sencillo como que si no lo cuidamos se va TODO a tomar por culo.
Así que no me jodan.

martes, diciembre 09, 2008

Cosas serias

Hoy quería hablarte de cosas serias, y es que no hay cosas serias de las que hablar. Piensa, ¿qué has hecho hoy? Lo mismo, quizá, que ayer, o si hoy es martes, que el martes pasado. ¿Y de qué has hablado? Me lo imagino, de nada en especial, de la rutina. ¿Bromas, sarcasmos tal vez? Te entiendo, yo también lo hago para romper el hielo, o para reír simplemente. Pero, cuando vuelves a casa, cuando estás en tu cama a oscuras mirando al techo, dime, ¿en qué piensas?


Parece que, alrededor, el día a día me arrastra. Una rutina que me arranca mis ansias de vivir. Y no hablo del aburrimiento. Hablo de lo superfluo, de lo inútil. De lo facilón y lo estúpidamente gracioso. Hablo de la impotencia de saberme estéril ante cualquier atisbo de honor. Hablo de la muerte del respeto y la dictadura de lo imbécil. De esa moda de arrancarme el corazón para hacerme inmune a los ataques de los demás. Hablo de la ausencia de héroes, y del postizo significado que tiene hoy la palabra amigo. De toda esta mierda, de la que únicamente la maldita rutina tiene la culpa.

Hablo de un mundo donde la amabilidad, la solidaridad y la sinceridad suenan a mariconada y son por ello objeto de mofa, y donde lo único que cuenta si no quieres ser una ridícula marioneta inocente es mirar por ti y por nadie más. Ser espabilado, tener idea.

En esta puta sociedad ya no cabe la seriedad, todo es cómodamente irrelevante. Incluso puede que haya algún gilipollas que se tome esto a broma.

domingo, noviembre 02, 2008

La verdaderas personas que merecen la pena

Mi maestro: los tipos de la tele, mi trabajo: ganar dinero, mi pasatiempo: comprar cosas

Mi maestro: el egoísmo, mi trabajo: el egoísmo, mi pasatiempo: el egoísmo.

Rastrero sentimiento brotado de las entrañas del ser humano. Unánime amo de nuestras vidas, sin el cual seríamos perros en el fango. Ambición y selección natural: somos demasiados y hay que luchar por lo Nuestro. Mío, tuyo, suyo. La meta es ser rico, la meta es ser poderoso, la meta es ser el mejor.

¡pudríos todos! ¿y qué me queda a mí que detesto el egoísmo?¿y qué le queda a mi alma que de ver la misma mentira mil veces repetida ya casi la ve verdad? ¿Donde están mis sueños, donde la cordialidad, donde la amabilidad, donde el maravilloso desprendimiendo de uno mismo para con la persona querida?

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Gracias a aquellos que hacen que me equivoque. Gracias a aquellos que me devuelven la vida al devolverme la esperanza.
¿bondad? sí, bondad, en medio de todo, palpitando en corazones modestos, sin publicidad, sin tronos. Las verdaderas personas que merecen la pena.


Wish you Where Here.

Gracias.