viernes, abril 16, 2010

Quiero escribir la música

Quiero escribir la música, la música que me gusta, esa música que intentas recoger con las manos y acaba escapando entre los dedos, haciéndote cosquillas. La misma música que a la vez no toca, sino acaricia, impregna y pinta. Que osadía la mía de escribirla, entonces, sería como capturar el tacto del viento con una cámara de fotos. Pero la delicia de atrapar lo prohibido me seduce, me trastorna, y sigo queriendo escribirla.

Abro el grifo, dejo que se inunde mi oído de colores, cierro los ojos. Al cabo, se empieza a distinguir... un llanto de flauta, un cielo azul y verde pintado de arpegios, un espacio distorsionado de espejos zigzagueantes, un suelo de grava gris con grandes piedras rojizas, un sabor a chocolate caliente, una calma fluida y empalagosa, una sonrisa misteriosa. ¡Qué loca felicidad escucho, qué innombrables adjetivos me asaltan para dejarse derretir en mi boca!

Pero qué desconcierto cuando intento escribirla. No me sale, no se deja. Qué inutilidad la mía, me digo, no sé descubrir la música en las palabras. Pero no me rindo, eso nunca, porque intuyo que un día, mientras esté escuchándola, abriré los ojos y sin darme cuenta habrá salido de mí, y se habrá escrito ella misma.

domingo, febrero 28, 2010

¿De verdad que ni puta idea?

Aquí les dejo con la carta de la semana publicada el 24 de agosto de 2008 en el XLSemanal, una carta con ironía, mordacidad y cojones que me dejó con ganas de aplaudir al dueño, un tal A.P. de San Sebastián:

NI PUTA IDEA. Acabo de salir del colegio y me dirijo a la universidad. Soy hijo de la LOGSE, sobrino de la Play, primo de lo apocalípticamente correcto, dueño de mis padres y profesores. Soy el futuro de España –o como se llame para entonces-, aquel que tirará a la basura a sus papás –y mamás, disculpen- y pagará las drogas a sus hijos, el que escribirá “miembra” y “jueza”, el que irá a votar al más guapo –o guapa- cada cuatro años y mandará después una carta de queja al XLSemanal antes de coger un avión al Caribe; el que… Tranquilos, he sido entrenado largo tiempo para esta misión y, con mis conocimientos, la operación triunfo será un éxito. Sé un huevazo del cambio climático, de la ONU y el G-8, del peligroso peligro de las drogas, el sexo y la carretera, de lo superguay y paraguay que es esta democracia y de lo malos que son los otros, de los trastornos parapsicoinfantiloides que tengo, de mis derechos, de cómo escribir y mandar un SMS; de sujeto y predicado y dialectos meridionales y septentrionales, de Innterneté y Pagüerpoint, de lo chachi que es divertirse y de cuánto hay que aborrecer el estudio, las responsabilidades, la honradez, etc. No hay space para more, pero se hacen una idea. No se preocupen, ya me libré del lastre de la cultura y el conocimiento, ya olvidé lo poco que me impartieron. Qué favor me han hecho, Alá mío. Estense tranquilos, sosiego, paz y amor, muak y muak. No se preocupen, que no sé nada. De verdad. Ni puta idea.


Él somos todos nosotros, los que nos hemos criado en la opulenta sociedad que tan bien describe, los hijos de la LOGSE y sobrinos de la Play, y lo que grita esta carta es que a pesar de todo ello, de la demagogia, de lo políticamente correcto, de la educación infame y de la sobreprotección desaforada tanto tecnológica como social, somos gente que puede medrar en esta vida, que puede ser crítica y autosuficiente, que puede distinguir entre la cultura de verdad y las pseudotonterías que suelen enarbolar pseudoprogres pseudointelecuales (obvio mencionar a caducos conservadores por no tener cabida en este discurso ni en ninguno que se refiera al futuro de la sociedad, al menos desde esa postura). Frente a los que creen que en la juventud de ahora no hay más que mamones a remojo en alcohol que solamente sirven para masturbarse (metafórica y literalmente) y para ver Gran Hermano mientras comentan la jugada en el tuenti, tenemos que demostrar que no, que hay gente joven que de verdad se preocupa por lo que nos rodea y tiene curiosidad, y tiene redaños en salirse de la línea establecida por otros y labrarse su propio camino.

Que sepan todos ustedes que la juventud de este país no está perdida: sigue viva y llameante de curiosidad e ilusión.

viernes, febrero 19, 2010

El beso vence a la muerte

Desde la terraza

Ya les he contado, creo, lo mucho que me gusta sentarme en la terraza de un bar, a ver pasar la vida. Las terrazas de los bares son ojeadero clave, atalaya imprescindible a la hora de mirar despacio, sin prisa, intentando desentrañar los porqués de las cosas y de las gentes. Cada cual se lo monta como puede, y algunos de nosotros necesitamos esas treguas de la vida. Así que procuro utilizarlas. Algunas de mis terrazas son apostaderos fijos, lugares conocidos adonde me encamino sin meditarlo siquiera; y otras veces sitios nuevos, de los que me apresuro a tomar gozosa posesión. Entonces abro un libro, pido un café o un jerez, y leo un rato levantando la cabeza entre página y página. Alguien que pasa, un modo de andar, una mirada, un gesto, unos zapatos, una sonrisa, pueden cobrar de pronto significados apasionantes y reclamar su propia historia, real o imaginada, estableciéndose misteriosos lazos entre lo que lees y lo que ocurre ante tus ojos.
En éstas estaba el otro día, en un puerto del sur, recién desembarcado de un mar sin viento que se fundía con el cielo cubierto de nubes. Un mar quieto, denso y gris como el mercurio, con algunas gaviotas planeando sobre los pesqueros abarloados en el muelle. Releía el primer tomo de
El cuarteto de alejandría, de Durell, reflexionando sobre el modo tan curioso en que cambia un libro cuando lo lees de nuevo, diez o quince años después -aunque tal vez quien cambia no sea el libro, sino tú-. Pasaba las páginas de Justine, les decía, cuando enfrente se detuvo una pareja. Eran muy jóvenes, con aspecto de estudiantes. A él le calculé dieciocho o diecinueve años. Ella era sólo un poco más joven, y muy guapa, con tejanos y piernas largas. Parecían discutir, molestos por algo, y cuanto más sonreía él más enfadada parecía ella. De pronto él hizo un gesto para besarla, y ella apartó la cara, alejándose con brusquedad.
La palmaste, compañero, pensé para mis adentros. Pero me equivocaba. Oí cómo el chico la llamaba: Marisa, Isa o algo parecido. Entonces ella se detuvo a los pocos pasos, se volvió, y no sé qué le vería en la cara; pero caminó de nuevo hasta él, y se abrazaron, y empezaron a besarse con tanto apasionamiento como si fueran a comerse los higadillos. Y él retrocedió hasta apoyar la espalda en la pared, y ella lo empujaba sin dejar de besarlo, y se dieron doscientos besos en minuto y medio, o a lo mejor fue sólo un beso desaforado y magnífico que duró minuto y medio, vaya usted a saber. Y dejé al amigo Durell sobre la mesa y me los quedé mirando francamente, sin reparo alguno, fascinado por la maravillosa escena. Y una dama que estaba con su marido en la mesa de al lado , interpretando mal mi mirada, se volvió hacia mí, y comentó "qué poca vergüenza", creyéndome tan escandalizado como ella de los mordiscos que se atizaban los jovencitos. Y entonces solté una carcajada que la dejó, me parece, un poco perpleja; y me estuve riendo así, en voz alta, un poco más todavía, sin poderme aguantar aquella alegría insolente y vital que me sacudía el cuerpo, mirando a los jóvenes que seguían a lo suyo. Me habría levantado en ese momento para ir a darles, a mi vez, un beso a cada uno, de no tener la certeza de que iban a entenderme mal. Así que me quedé sentado, claro, viendo cómo por fin se iban agarrados el uno al otro por la cintura, besándose todavía de vez en cuando. Y les dediqué un largo sorbo de Tío Pepe. A vuestra salud, Isa, Marisa o como te llames, pensé. Porque un día dejaréis de besaros, o besaréis a otros, o ya no os besará nadie, y seréis imbéciles de corazón como aquí, mi vecina la beata Gregoria. O tal vez os rompáis la crisma en una carretera, o se os lleve un cáncer a los cuarenta, o a lo mejor no. Y la vida, que es muy hija de puta, os traerá de aquí para allá, y os dará unas cosas y os quitará otras, y vete tú a saber. Pero lo que nadie podrá quitaros es que esta mañana gris la habéis pintado de calor, y de ternura, y de ganas de comeros el alma el uno al otro. Y ese momento, vive Dios, ha sucedido y ya no os lo podrá arrebatar nadie, nunca. Y cada día, cada hora en que aún podáis besaros así, antes de que llegue cualquiera de los miles de finales que os aguardan, es una victoria arrebatada al azar absurdo de la muerte y de la vida.
Así que anda y que te jodan, vida, me dije. Y aún sonreía cuando abrí de nuevo
Justine y seguí leyendo.

Releí este artículo de Pérez-Reverte anteayer noche, en la cama del hospital, en la víspera de mi operación. Por más claro que yo tenía de lo rutinaria, inocua y sencilla que era la intervención, no pude evitar pensar en mi vida, y también en mi muerte, en todo lo importante que a un ser humano le ocurre. Claro que de haber estado realmente aterrorizado en lugar del Patente de Corso me hubiera llevado las Coplas de Manrique. Pero fue encontrarme con la joya de aquí arriba y empezar a templárseme el alma. Cuando uno está ante esas situaciones que le recuerdan que es finito, tiende a buscar en su vida razones o hechos o situaciones a las cuales agarrarse para ahuyentar el miedo a la muerte, para mirar al abismo y aceptar su inevitabilidad sabiendo que su vida ha merecido la pena. Se intenta, se intenta, y, si bien es verdad que nunca llega a irse del todo el miedo, sí que aparece un estoicismo melancólico que ayuda a camuflar la dimensión a la vez tan enorme y tan insignificante que constituye la muerte. Esos dos novios que un día vio Arturo Pérez-Reverte besarse en cualquier plaza hizo que en el interior del autor explotara una algería inmensa, como él describe: "insolente y vital". Un autor curtido por más de veinte años de guerras, muertes, masacres y barbaridades genuinamente humanas, reduce la belleza de la vida, el sentido de la vida, en esos momentos fugaces que tenemos de felicidad única. No escapando al autoengaño del epicureísmo de cerrar los ojos y vivir todos eternamente en el país de las maravillas, ni tampoco en la más que dudosa esperanza de otra vida que no sea ésta, sino aceptando la maldad y la muerte del hombre como cosa intrínseca en él, y poder mirarlas sin miedo alguno por la serena convicción de que nada podrá arrevatarnos jamás lo poco bello y maravilloso que podemos experimentar en la larga senda que es nuestra vida: unos labios, un libro, unos amigos, una noche...

domingo, enero 10, 2010

He visto llegar aires de tormenta

Ya no queda savia que compartir.

El emocionante, fanático hervor que surgía en mí para alinear letras y formar palabras que vibrasen al ser leídas y que gritasen a las mismas entrañas del lector,
poco a poco desaparece entre papeleo pseudo-oficial.

Redacción objetiva es lo que tengo, lo que hay y habrá, y el color intenso de las palabras de amor se apaga, se vuelve gris tóner y se envía con sello pertinente a ningún sitio.

A veces, en mi cubículo, me recuesto en la silla y miro al vacío, frente a mí, donde los montones de folios y el pentium 4, al vacío, y veo aires de tormenta,

y veo campos de trigo danzante y un anochecer prematuro de nubes oscuras,

y una luz blanca que cede y cede,

y un viento ágil y atemperado, que me acaricia el rostro.

Y me embarga, allí, en mi cubículo, en los campos de trigo, una desazón resignada y hasta melancólica que corroe los miembros de mi cuerpo y nubla mi mente,

sin poder yo zafarme ni levantarme,

sin poder ya jamás convencerme,

de que esto merece la pena,

de que no he visto llegar al fin del mundo

para acariciarme,

con su viento ágil y atemperado,

el rostro.

jueves, enero 07, 2010

Empezar a pensar desde la vida

La homeostasis es el principio por el cual se rige el funcionamiento de un ser vivo. Es decir, la razón de cómo un ser vivo vive. Pero empecemos desde más atrás, desde lo que significa eso de ser una cosa viva. Siempre, desde que nos levantamos hasta que nos volvemos a levantar al día siguiente somos un puñado de células. Imagínense charlando con alguien, conduciendo, jugando al fútbol, leyendo, de fiesta en Nochevieja… en todos esos supuestos ustedes se mueven porque un montón de fibras de actina se unen a otras tantas de miosina en cada músculo que usan; hablan porque al comprimirse los pulmones el aire que pasa por la laringe hace vibrar y producir sonido a las cuerdas vocales, y con ese sonido el cerebro moldea la boca, la faringe y la laringe para convertirlo en las palabras (en los fonemas) que exactamente queremos usar. Y detrás de todo eso ¿qué hay? Pues células, células que se unen de una determinada manera para formar tejidos, los cuales se agrupan de una determinada forma para formar esas estructuras u órganos (pulmones, laringe, músculos) que he mencionado.

Bien, pero ¿Cuál es la razón de que todo funcione, esté en continuo movimiento? ¿Cómo es que no están las células “paradas”, ya que son simplemente moléculas engarzadas, es decir, materia? Pues la razón es química: la osmosis, los juegos de presiones, el pH y la temperatura, por decir algunos, son los responsables de que las moléculas se muevan. Y, siguiendo este razonamiento, llegamos al principio de este artículo: se comprende que estamos hechos de células, y que entre ellas dentro del cuerpo las sustancias se pueden mover, pero, ¿cómo es posible que las sustancias sepan exactamente a dónde tienen que ir? Y lo más importante, ¿cómo es que las concentraciones necesarias de oxígeno, de glucosa, de sodio, la cantidad justa de sangre, etc, se mantengan más o menos estables SIEMPRE, durante un periodo de tiempo de ochenta años por término medio? La respuesta es el primer sustantivo que he escrito arriba: la homeostasis.

Para exponer la idea principal de este artículo primero tengo que explicar un poco en qué consiste la homeostasis. Un buen ejemplo es la respiración celular: cualquier célula del organismo necesita gastar oxígeno para realizar sus tareas correspondientes, hecho lo cual produce CO2 (grosso modo). Si esto es así llegará un momento en que se vean la célula y las de alrededor atestadas de dióxido de carbono y sin una gota de oxígeno. Es la sangre la que llega a cada rincón de nuestro cuerpo (a cada célula arrinconada), le trae el O2 que necesita y se lleva el dióxido de carbono sobrante. En otras palabras, restablece las concentraciones normales de las dos sustancias para que los tejidos sigan realizando su función, esto es, mucho O2 y poco CO2. Eso es la homeostasis, el mantenimiento de las condiciones que hacen viable la vida, nuestra vida.

Podemos afirmar entonces que cada modificación anómala en el cuerpo humano lleva consigo inmediatamente una respuesta que la restablezca (si no se produciría una patología). Todas estas respuestas las da el sistema nervioso autónomo, que es la parte del sistema nervioso que es subconsciente, y que por tanto, no podemos controlar (nosotros no decidimos que nuestro volumen sanguíneo es lo suficientemente bajo como para aumentar la presión arterial, y sin embargo lo hacemos). Por tanto, nuestro sistema nervioso subconsciente lucha porque haya en nuestro organismo unas condiciones esencialmente vitales. En otras palabras, nosotros funcionamos para vivir. Nuestro cometido, subconscientemente, es que haya vida. Como seres vivos que somos la vida busca a la vida. El doctor Arthur Guyton se atrevió a llevar hasta las últimas consecuencias el concepto de homeostasis: “a veces no se considera que la reproducción sea una función homeostática, aunque ayuda a mantener la homeostasis generando nuevos seres que ocuparán el lugar de aquellos que mueren. Esto nos muestra que, en el análisis final, esencialmente todas las estructuras corporales están organizadas de tal forma que ayudan a mantener el automatismo y la continuidad de la vida”. No sé si captan la preciosidad de la frase.

Pues aquí quería yo llegar: si nuestro subconsciente –entendiendo subconsciente como el que acabo de definir, el sistema nervioso autónomo, y no el genuinamente freudiano, que podríamos entender como el sótano de lo consciente, entre este y el autónomo- si nuestro subconsciente, decía, aboga por la vida, cabe reflexionar sobre la otra parte del sistema nervioso, la consciente, la que nos permite esa maravillosa y a la vez peligrosísima libertad que es la elección. Porque nosotros no siempre elegimos la vida, muchas veces nuestros actos hacen desgraciadas a otras personas, les hacemos daño, incluso las matamos. ¿La vida contra la vida? Eso no es lo natural. Alguien podrá argumentar que no vale generalizar “la vida” como la vida de todos, dirá que nuestro organismo defiende y mantiene SU vida individualmente, y que está predispuesto (estamos predispuestos) también a defendernos de agentes externos, ya sean depredadores o microbios, que también son vida. Por lo tanto la vida también funciona para destruir vida. Pero este argumento referido sólo a la raza humana es falaz, porque nosotros, y por tanto nuestro organismo (creo que ya he dejado bastante claro que el “nosotros” lleva intrínseco un significado biológico, además del típico psicológico) no puede vivir si no es en sociedad: “el hombre es un animal social”, decía Aristóteles. Es decir, no es suficiente con que mantengamos sano nuestro medio interno, del que ya se encarga el sistema nervioso autónomo, sino que para vivir las personas necesitan interactuar con otras personas. Esto se entiende científicamente porque nuestro cerebro nos proporciona una inteligencia a la que se tiene que ejercitar, planteándole situaciones con una dificultad igual o aproximada a la que ella es capaz de responder. Y qué mejor para ello que interactuar con cerebros igualmente desarrollados. Por eso se puede decir que para vivir tenemos que mantener constantes nuestras concentraciones normales de sociabilidad. Muchas veces hay un exceso de envidia, de egoísmo, o una escasez de bondad, que impide que el tejido de la sociedad funcione correctamente. Y, claro, esas concentraciones no las regula el autónomo (qué fácil sería) sino que lo hace lo consciente, la razón, nosotros en nuestra libertad.

A donde estoy intentando llegar es a una especie de moral que brota de la naturaleza misma. Estoy intentando llegar a la base de la ética buscándola no en Dios, no en conceptos metafísicos, sino en la vida misma. Tenemos en nuestras narices el hecho tan maravilloso en su perfecta complejidad como rabiosamente real que es la vida, y somos tan imbéciles que por su cotidianidad la pasamos por alto y buscamos respuestas en estrellas, dioses y vagas quimeras.

Nosotros, como lo consciente de nosotros, tenemos una responsabilidad para con nuestra vida, que es el vivir en sociedad, y para conseguir eso es preciso que la amabilidad, la bondad, el amor, aparezcan, se hagan notar, porque si seguimos así, si seguimos con este egoísmo enfermizo que se extiende por todo el mundo civilizado como una asquerosa plaga, acabaremos destruyéndonos.

Somos un puñado de células, somos vida. Empecemos, pues, a pensar desde la vida.

viernes, noviembre 27, 2009

Una noche, una terraza y un magnetófono

Esto que voy a reproducir aquí es un trocito de la novela "Nubosidad variable" de Carmen Martín Gaite. Todavía no la he terminado de leer pero cada vez que la cojo sus palabras consiguen raspar hasta lo más hondo de mí, y, sin tener tiempo a reaccionar, me encuentro con la condición humana en todo su esplendor. Por eso les quiero mostrar un poquito de eso mismo, para que lo disfruten y lo saboreen despacio.

Apunte usted sus sueños.
-Claro, se dice pronto -como me contestó un día una viuda ya no demasiado joven, atormentada por la urgencia de sus frecuentes deseos sexuales y la necesidad de prohibírselos-, o son sueños y se toman como son, o se apuntan, y entonces ya no son sueños. Además yo bastante tengo con ejercer por el día de viuda, en vez de cantar a voz en cuello cuando me apetece, y por la noche no poder tirarme a la calle a buscar un tío, porque no me han educado para eso, y luego el miedo a cogerte lo que no tienes, y qué dirán los hijos, que quieras o no se acaban siempre por enterar. Pero en mis sueños, pues es eso lo que sale, qué otra cosa va a salir. Que me caso vestida de blanco y que hago recados y visitas y comidas y maletas y que voy al cine siempre con el mismo señor, con eso nunca sueño, porque es una pesadez, y otros veintitantos años aguantando mecha no los querría ni loca, pero un poco de juerga sí. Son cosas que no se pueden decir y por eso acaba una mal de los nervios, pero yo a Luis lo echo de menos sólo por las noches, lo de la cama, sí, lo de la cama me encanta.

Se llamaba Almudena, de condición social inferior a la de su marido. Lo tengo en una cinta que resumí a máquina en Puerto Real, trabajo atrasado, y ayer estuve leyendo la ficha, cuánto trabajo atrasado se amontona, y total para qué. Almudena Sánchez viuda de Portillo. Vino muchas veces y su discurso era liberador, adulterado y exuberante, me dejaba como de palo y, desde luego, sin argumentos.
-Se lo cuento -me dijo un día- para que usted lo escriba, porque así no lo desperdicio y un poco para desahogarme, por eso hablo con usted, que no se escandaliza de nada, como es natural, y me resulta cómodo. Pero no para que me cure, eso ni por las entretelas del cerebro se me pasa, porque la vida, doctora, no tiene cura.

No, no la tiene. Anoche precisamente lo pensaba yo, porque estuve oyendo la cinta que me grabó Manolo Reina con su voz, una voz que me sigue poniendo los pelos de punta, y me acordé de Almudena, que, por cierto, es una paciente antigua que ya no ha vuelto, de cuando decía que lo más difícil para ciertas mujeres es resignarse a no adornar una pasión, simplemente sufrirla o disfrutarla, pero comérsela en crudo sin más aderezos.
-Debe ser -me dijo- porque como nos dan de pequeñas tantas recetas de guisos y leemos tantas revistas que tratan del adorno, pues anda, adorno y guiso para justificar aquello de "hasta que la muerte nos separe", que además es mentira, porque luego la muerte nos separa y como si nada, ya ve usted lo que me está pasando a mí.

Era graciosísima aquella Almudena, parecía una actriz de cine italiano, y lista como un rayo, de las que te ven pensar. Y anoche, cuando estaba oyendo la voz de Manolo en la terraza y mirando las estrellas, se me cruzó su imagen sin saber por qué: me pareció volverla a ver mirándome con aquella especie de cachondeo:
-¿Y a usted qué le pasa? ¿Es de corcho? Porque los de su oficio nunca sueltan prenda. Sería mejor que también usted me contara algo.
Fue cuando de repente me puse a hablar con ella. Al principio me estaba dirigiendo a Manolo. Le había dado al stop del radio-casette para interrumpir su discurso en un momento álgido: empezaba imitando el ronroneo de un gato -que lo hace muy bien, sobre todo al oído-, y luego se oía el mar, "son efectos especiales, Mariana", y ya cambiando el tono seguía repitiendo mi nombre muchas veces, despacito, como si respirara, y tras una pausa, sobre el fondo de olas rompiendo, de nuevo su voz: "Te necesito ahora mismo, ¿te enteras?, a-ho-ra a-ho-ra a-ho-ra, me acuerdo de ti furiosamente, oyes el mar, ¿verdad?" Y metí una cinta virgen para contestar a eso casi a tres años de distancia, porque la voz es lo que tiene, que te puede emborrachar aunque esté embotellada, hacerte perder la brújula, y fue lo que me pasó, que me sentí como extraviada en un laberinto que anulaba el tiempo y desenfocaba la perspectiva, debió influir el rumor de las olas allá abajo en la playa, tan igual a sí mismo, tan eterno. Me temblaban los dedos al poner la cinta nueva, de pura prisa por aprovechar aquella coincidencia de ritmos, por adecuar mi vértigo al suyo. "Oigo el mar, sí, lo oigo, qué voz tienes, por favor, dime más, pero escúchame también, a-ho-ra a-ho-ra a-ho-ra, yo también te necesito precisamente ahora, ¿te gusta que te lo diga...?" Y de pronto, sin transición, se me quebró el susurro y pensé: pero bueno, si él ya tiene otra novia, otra vida, si nos separan miles de millas, ¿de qué le estoy hablando y a quién?, es engaño de los sentidos, por no coincidir, ni la hora coincide, porque en Nueva York será media tarde y ni siquiera puede estar mirando estas mismas estrellas que yo miro, y se me empezaron a caer las lágrimas por la cara, se abrá ido al cine con su chica, una yuppie de treinta años, ¿cómo será?, nunca me ha mandado fotos, dominante seguro la tal Sheila, no le debe dejar ni respirar, las cinco de la tarde en Manhattan, viven en el East Side, puede que esté tumbado en su apartamento esperando a que ella vuelva de la galería de arte, o tal vez tengan perro y lo haya sacado de paseo, o esté eligiendo latas de conserva en en un supermercado, qué más da, ¿a qué soñarlo como receptor de este mensaje intempestivo?, le sonaría a chino.

Y ahí es donde se me cruzó el recuerdo de Almudena, que tantas veces se había quejado de que los psiquiatras no contamos nada, y cambié de interlocutor sin más ni más. Todo eso del perro y del supermercado y de la novia neoyorquina absorbente ya se lo estaba contando a Almudena, presa de un ataque de celos extravagante, pero tan intenso que no dejaba de llorar y tuve que echar mano de un kleenex. "Para que veas, guapa, que los psiquiatras no somos de corcho", concluí, extrañada yo misma de la obsesión que me ha entrado estos días con Manolo Reina, mucho más que cuando lo tenía disponible y se refería con toda convicción a un futuro en el que compartiríamos sueños, lecturas y viajes, que entonces hasta me empachaba un poco, sí, cuando yo le recitaba aquello de "se canta lo que se pierde". Pero, en el fondo, sus proyectos de futuro me inyectaban futuro, y por eso me podía permitir el lujo de rechazarlos, porque me convertían en alguien que tiene unos cimientos sólidos y la vida por delante. La vida aquel verano [...], era un camino largo lleno de encrucijadas donde aún iban a aparecer muchas posadas para hacer noche, y también cabía pasar la noche al raso, que así duerme la liebre en el erial, podía escaparme, si lo elegía, y transformarme en liebre solitaria y arisca, mandar yo en mi destino. Lo que no aguanto es la idea de sentirme mandada retirar, ahí está el quid de la cuestión, el amor para mí es un pretexto, me da pie para jugar a todo o nada, para desafiar el riesgo de perder sin dejar de llevar las riendas, retirarme yo de la mesa cuando lo decido, no cuando me retiran. Lo hombres, Almudena, siempre han sido un pretexto para mí. ¿Me ves llorando ahora?, pues hace dos semanas lloraba igual por otro, y me parecía que aquello era el fin del mundo, pero sobre todo por eso, porque se me hundió el mundo al sentirme mandada retirar, que qué razón tuvo él al decirme que estaba de psiquiatra.

Y por ahí ya salió a relucir la historia de Raimundo con menciones a Silvia, y hasta la de Gillermo, [...]pero se me fue desinflando el impulso creativo y al final mi parlamento volvió a los carriles teóricos, como una conferencia impecablemente preparada, donde los nombres propios eran meras citas a pie de página. Echaba mano de ellos para ir orientando el rumbo de mi discurso hacia un final no feliz. Como un niño avieso que se goza en sacarle las tripas a todos sus juguetes, así iba yo haciendo la autopsia del éxtasis amoroso, cada vez más doctora-León ante la distante Almudena, haciendo gala de mi lucidez pero consciente de que obedecía a un resorte defensivo, de que todas mis teorías sobre el amor pretenden ser vacuna contra el veneno incubado en ese agujero negro que excava impenitente la soledad.

¿Y qué le decía, a fin de cuentas? ¿Qué había sacado en consecuencia de mis experiencias eróticas? Pues, en resumen, eso: que no nos podemos meter en la piel de nadie por mucho que nos parezca haberlo logrado mediante un espejismo momentáneo de fusión, eso es lo que creía ver claro acurrucada en la terraza con mi pijama de seda y hablándole bajito al magnetófono, aunque en un tono opaco, bien distinto del que me provocó el espejismo de fusión con Manolo. Que el amor es aventura sin designio, según reza el credo de los agnósticos, una creencia fría, nítida y azulada como la luz de luna sobre las olas agonizantes, que no hay fusión que valga, desengáñate, Almudena, que cada ser es radicalmente distinto de otro cualquiera, aunque a veces estallemos al mismo tiempo, como las olas que se persiguen y coinciden un instante en su cumbre de espuma, sí, exactamente igual que las olas, repetía tristemente acunada por su rumor apagado y uniforme allá abajo en la playa, gozar, deshacerse y dejar paso a las que vienen detrás, y así una vez y otra. Somos seres discontinuos, qué le vamos a hacer. Pero se aguanta mal. Por eso nos agarramos como a un clavo ardiendo al encuentro amoroso, por nostalgia de la continuidad perdida, ya lo dice Bataille, porque nos resistimos a morir encerrados en nuestra individualidad caduca. La plétora sexual es un sucedáneo que trata de remediar el aislamiento del ser, pero sólo lo proyecta fuera de sí. Y aunque, en el mejor de los casos, pueda coincidir con la proyección fuera de sí desencadenada en otro, siempre se tratará de dos individuos que, si comparten algo, es un estado de crisis. La crisis más intensa que se pueda imaginar, pero al mismo tiempo la más insignificante. Lo mismo que las olas, perseguirse, gozar y luego deshacerse por separado.

lunes, octubre 05, 2009

Muchas gracias por todo lo que nos dejas, Alicia

Acabo de saber de la muerte de una persona importantísima para la música en general. Una persona, que a no ser que hayas estudiado piano en España o tengas vastos conocimientos sobre el asquerosamente elitista mundo del clásico probablemente ni te suene. Me refiero a Alicia de Larrocha, que falleció en Barcelona el pasado 25 de septiembre, a la edad de 86 años, a causa de un proceso cardiorrespiratorio. Fue una excepcional pianista que, entre otras muchas cosas, supo captar y transmitir la magia y la genialidad de las obras de Enrique Granados e Isaac Albéniz, y hacerlas llegar a todos los rincones del planeta. En cierto modo los sacó de España y los expuso a todo el mundo para que admiraran la enormidad de su música.
Hoy yo debo acordarme de ella, hoy debo rendirle un homenaje, aunque sea con los modestos medios de que dispongo, porque cuando mi profesor de piano me voló la cabeza con Triana, no dudó en instarme a escuchar la Suite Iberia entera por Alicia de Larrocha; porque cuando me enamoré de las Goyescas ella fue la que hizo de alcahueta; porque cuando busco algo de los grandes románticos españoles siempre lo encuentro, y siempre es ella la que me lo interpreta . Y, en definitiva, porque si no hubiera sido por ella, el mundo se hubiera perdido una música increíble, de la talla de las más grandes y, por qué no decirlo, genuinamente española.


Muchas gracias por todo lo que nos dejas, Alicia

jueves, octubre 01, 2009

Lo ficticio

Cientos de ríos que se ramifican alrededor de la vida, como los vasos que irrigan a la humanidad. Sienten y besan, y mueren y matan, y en su mentira crean verdad. Sé que puedo nombrarlos, pues son libros, música y pinturas, cine, pero estoy temblando de no poder tocarlos. ¿Qué es el amor? ¿Qué es eso que habla con voz de poeta y te arranca el alma de anhelos ficticios? Acaso sea una ilusión. Pero qué ilusión. La película sigue rodando mientras los créditos descienden y aún esa música te retiene en el cuento que no acaba de irse, en los sentimientos devueltos y en la certeza absoluta de no querer nada más. Luego, la eterna desdicha de haber encontrado la felicidad unos cuantos segundos. En lo ficticio.
Será que vivimos buscando lo ficticio. Pero ¿qué es real? Ya no lo sé. Un día te encuentras entre los recuerdos y el futuro, y ya hasta los recuerdos se vuelven mentirosos.
El fuego me abrasa las entrañas, y un día, y otro, y otro, y nada.

Seguramente el fuego no sea real, seguramente se habrá escapado de algún libro.

sábado, agosto 01, 2009

Careful with that axe, Eugene

Una tarde calurosa, calor asfixiante. Ambiente cargado de apatía, las cuatro de la tarde. En la calzada de una de esas típicas calles residenciales americanas, con casas de madera y jardines, y una hilera de árboles de hoja caduca recorriendo la acera. Está ahí Eugene. Me imagino mirando por los ojos de Eugene, una visión naranja, naranja saturado, como si el calor derritiese los colores. Un naranja de locos. La calle avanza lenta, inclinada y balanceándose. Eugene avanza paso a paso. Eugene es horrible, regordeta. Eugene es retrasada. Avanza...poco a poco. Eugene lleva un camisón de flores, y un hacha en la mano. Fuera se ve un hombre que lava su coche. Avanza...poco a poco. La imagen se corta y viene otra, Eugene ha avanzado, el hacha llena de sangre, la manga derecha de Eugene llena de sangre. Un cadáver...otro cadáver... Paso a paso... [Gritos, gritos... se oyen en el exterior]. La calle se balancea, el hacha se balancea. Eugene sonríe tonta. Hay mucha gente. Cadáveres. Hay mucha gente. Hay camillas, fuertes correas de cuero... y miembros cercenados...miembros cercenados...


Al genio de Pink Floyd, al cual ni la propia cordura pudo limitar

martes, julio 21, 2009

Papeles en el bolsillo

Ahora lento, melancólico. Estoy aquí sentado, al piano, en medio de la oscuridad. Algo peligroso me mantiene tocando. Soy un esmoquin negro, triste, bajo el único foco despierto. Miro atrás a mi sombra intentando llegar a las mesas vacías a pedir un trago. Tu sonrisa, tu preciosa sonrisa bajo esa suave brisa gélida que lo helaría todo menos eso. Ojos encantados de encontrarse una y otra vez luces de colores, guirnaldas, niños en pesebres, reyes, pastores. Noches mágicas y cálidos abrigos. Una lágrima resbala por mi mejilla cansada de nostalgia o de alegría, que importa. Busco con la mirada algo que sé no encontraré, que ya no está, que se ha ido. Recuerdo tus labios tibios posándose frágilmente en los míos con un amor ya olvidado. No me dejarán parar de buscar. Busco, sin esperanza de encontrarte; busco, aquella navidad que tanto te amé.


Escribí esto al término de la peor época de mi vida. Pensaba en aquel tiempo que iba a acabar así, con cuarenta y tantos y rumiando un amor de hace siglos. Pero me equivocaba. Es increíble cómo todas las promesas y el dolor que crees que van a durar eternamente siempre acaban difuminándose en tus recuerdos, en tu historia.
Ahora las cosas han cambiado, afortunadamente, para mejor.

He querido recordar ésto únicamente para recordarme a mí mismo, para fijarme a este mundo y evitar evaporarme en el olvido.

miércoles, mayo 20, 2009

El Tuenti al desnudo

Hace poco una amiga me contó de la existencia de un artículo bastante crítico (llamémoslo así) de la famosa red social Tuenti. Está escrito en la comisión de este año de cirugía torácica, a modo de pequeña gilipollez intercalada entre tocho y tocho de apuntes serios. Y tiene gracia. Su creador, estudiante de medicina y genio del mal (que también es amigo mío), me ha cedido los derechos para poder publicarlo aquí, y así poder deleitarles a ustedes con su sabiduría. Antes de dejarles con el artículo íntegro matizar dos cosas: que originariamente el artículo se escribió para los estudiantes de medicina que iban a estudiarse esa comisión (lo digo por alguna pulla médica que pueda aparecer), y que toda alusión ofensiva en el texto es fruto de la mente de mi amigo, no mía.
Aquí les dejo con el artículo:


"Bien, asquerosa horda de fans deseosos de más literatura barata. Hoy mi deber es hablaros de uno de los mayores peligros que amenaza a nuestra civilización. Peor incluso que las supernenas. Es, después de las guerras, el terrorismo y algunos tipos de chanclas veraniegas, lo peor que ha existido nunca. Estoy hablando, por supuesto, del



Voy a por una mandarina, ahora vuelvo

...

CÓMO CONOCÍ EL TUENTI

Empecemos. Doy por hecho de que todos conocéis el tuenti. Oh, claro que sí. Cómo no conocerlo, ¿verdad? Si habéis abrazado su corrupción con los jirones que quedan de vuestra pobre alma. Pero será mejor que nos remontemos al inicio de los tiempos.
Amos allá.
Bueno, un día cualquiera (pongamos 5 de mayo a las 11:43 GMT+1) un amigo utilizó los ordenadores de la universidad para acceder a un extraño programa de color azul gay (gay claro). Esa fue la primera vez que lo vi y enseguida detecté algo maligno en su interior. Pero lo dejé pasar. Al fin y al cabo hay muchos males desconocidos para la mayor parte de la raza humana que nos rodean durante el día... y durante la noche. Supuse que éste sería de menor envergadura. Me equivocaba.
Con el paso de los días veía cada vez a más y más personas utilizando ese programa extraño. Algo no marchaba bien y me propuse indagar en el asuntillo. En febrero había sacado un merecido 5.0 en Anatomía Patológica, por lo que apliqué mis vastos conocimientos de la materia para analizar el patrón de conducta y descubrí algo asombroso.
¡El tuenti se comportaba como un cáncer! Bueno, como un cáncer no, como un linfoma no hodgkin de células gigantes multinucleadas. Se iba extendiendo rápidamente entre los pobres estudiantes de la facultad, convirtiéndolos en seres malignos y feos (más feos). Por lo menos ahora yo sabía la verdad, ¡la horrible verdad! Y podía contársela a todo el mundo.

Mis esfuerzos fracasaron inútilmente. “No, si yo no suelo utilizar el tuenti”. “Sólo lo uso para conocer tías” “Puf, si hace lo menos 16 horas que no lo toco... ¡un comentario!” Mi mensaje no llegaba a los infectados, porque por lo visto no tenía perfil desde el que mandarlo. En un último intento me uní a un heroico grupo de resistencia conocido como Plataforma Antituenti, pero cuando la furcia (¡furcia!) de su fundadora se hizo tuenti quedamos a la deriva.
Ahora somos como los de Matrix, con mucha ropa guai y los únicos que sabemos la verdad. Huyendo de las invitaciones en el correo, sobreviviendo al frío, la lluvia, comiendo cosas que harían vomitar a una cabra. Sé que no tiene mucho que ver con resistir al tuenti, pero mola decirlo, ¿eh? Putos héroes. Somos unos putos héroes. Así que aquí estamos, haciendo un último intento para que haceros entender, punto por punto, que el tuenti es para retrasados mentales.
¡Dentro vídeo!

PUÑETERAS FOTOS

El tuenti tiene una opción que te permite subir fotografías a tu perfil. No TODAS tus putas fotografías. Si siempre sales los fines de semana con la misma gente y posáis de la misma manera, al final acabas con mil fotos exactamente iguales en las que sólo cambia la ropa. Ni siquiera el fondo, porque te importa una mierda eso de la perspectiva con tal de que salga mucha gente en la foto.
Y ahí estás, con mil fotos iguales subiéndolas todas, una por una. “Yo en la playa”, “Yo en el campo”, “Yo con amigos”, “Yo con desconocidos”. Pero bueno, también subes fotos distintas en contenido pero similares en subnormalidad. Esas que echas cuando estás encocado hasta las cejas y le haces una foto a tu zapato. ¡Mira, un mendigo! ¡Foto tuenti, foto tuenti! O simplemente porque hace dos minutos que no has subido nada, así que te autolesionas y subes fotos de tus heridas. ¡Todo vale!

PÉRDIDA DE TIEMPO

Así acabamos teniendo 100, 200, 500 fotos en el tuenti. Hay que tener estómago para verlas todas, ¿eh? Pero lo gracioso es el tiempo que empleas en subirlas. Hagamos un ligero cálculo. En subir una foto, ponerle título y etiquetar a todo el mundo puedes tardar...no sé, digamos que 45 segundos. Por lo bajo. Pues bien, hay mucha gente que tiene 400 fotos. 400*45 son 18000 segundos, es decir, 5 horas. ¡5 horas subiendo fotos! ¿Sabes lo que son 5 horas? Dan para 30 partidas al pro, 10 episodios de Padre de Familia, 5 siestecillas, 2 polvos rápidos o una tarde con los amigos.
Y he dicho 400, que algunos de vosotros tenéis 3 o 4 veces esa cantidad, ¿eh?
Podemos seguir con los cálculos si queréis. Pongamos 20 segundos el tiempo en ver una foto, la gente que sale y comentarla. Una media de 30 amigos de tuenti con 200 fotos por cabeza hace un total de 33 horas y pico. Añadiendo las 5 horas de tus fotos y juntando el tiempo de actualizar perfil y demás, se nos hacen 40 horas. ¿A cuántas asignaturas le habéis dedicado 40 horas de estudio?
Claro que en mis cálculos hay un pequeño fallo. Estoy midiendo el tiempo útil. Suponiendo una eficacia del 100%. Si contamos el tiempo muerto en el que estáis en el tuenti por inercia...
Oh, entonces de verdad que la cifra os asustaría. Voy a ser bueno y no decirla. Una pista: 4 cifras.

PERSPICACIA

Un pequeñísimo detalle. ¿Cuántos de vosotros utilizáis Internet para algo que no sea messenger, tuenti o relacionado con la carrera?
Internet, el mayor invento de la historia de la humanidad. Todo el conocimiento humano al puñetero alcance de la mano y lo estáis desperdiciando. ¿Qué queréis saber? ¿Cómo robar un coche? ¿Ver fotografías de la superficie de Marte? ¿Aprender a hackear la web de la universidad para ponerte 18 créditos de libre configuración falsos? Hay wikipedias de cualquier serie, película o videojuego. Hay webs de música que se conectan a tu reproductor de música para analizar lo que estás oyendo y en función de eso recomendarte grupos que te pueden gustar. Puedes aprender cualquier instrumento, profesión, hobby o entretenimiento desde cero y pedir consejos a expertos del tema. Pero no, pasáis horas y horas en el tuenti. Retrasados.

POPULARIDAD

Es la única regla del juego: hay que ser popular. A cualquier precio. ¿Y cómo se consigue eso? Agregando gente. Cuanta más gente mejor. Da igual que no los conozcas, o que los odies a muerte, simplemente haz una petición de amigo. Ambos saldréis ganando, uno más en la laaarga lista, ¿eh?
Estoy seguro de que si Harry Potter tuviera un puto tuenti agregaría a Voldemort. “Hey, Harry, qué ilu que me agregues. Pensaba que como había matado a tus padres y convertido tus siguientes años de vida en un infierno, no sé, no querrías ajuntarte. AMIGOS PARA SIEMPRE :)”
Un sencillo juego. Nombra las personas de tu tuenti con las que has hablado en la última semana cara a cara. Seguro que después del grupo de amigos y unos cuantos de clase no queda nadie. Entonces, ¿quiénes son esas 200 personas que tienes agregadas? Tus amigos del alma, seguro.

PRIVACIDAD

Mi parte favorita, sin duda. Desde el segundo nacimiento de Internet en 1996 se ha hablado mucho de un tema: la seguridad. Nunca des tu nombre real. Nada de datos confidenciales. Se popularizó lo del nick, es decir, que era lo más normal del mundo dar un nombre que a fin de cuentas es falso. ¿Quién no se ha metido en un chat de sexo con el nombre de conejitasexy para poner cachondo a un hombre de mediana edad para en el momento culmen revelarle que sólo eres un adolescente joputa?”
Y entonces llega tuenti y todo lo de la seguridad se va a la mierda. “Hola, me llamo Ana García Rodríguez, mi dni es 48613605-K, tengo 23 años, nací el 5 de Noviembre de 1985, vivo en Gran Vía 12 5º C 3006, Murcia (Murcia) estoy sola en casa de 4 a 6 y mis miedos más profundos son las marionetas, los perros y los bisturís oxidados".
La poca seguridad del sistema (creedme, es muy baja) queda anulada totalmente por el principio de popularidad y de agregar obsesivamente a todos. Esto es internet: todo al alcance de la mano. Información útil, fotos comprometidas, lo que sea. Tus padres no saben que bebes, y tú vas y cuelgas todas las fotos que tienes borracho. ¿Lo ves normal? O una foto que te daría vergüenza enseñársela a la gente, por alguna extraña razón, no te importa colgarla en el tuenti.
Ahora, es verla fuera del tuenti y te da la vergüenza padre. ¿Qué es eso? Es una foto tuya borracho. ¿De dónde la habéis sacado? Es tuya, la sacamos del tuenti. ¿Cómo? Dándole a “descargar foto”.
¡LISTO!

Para terminar este profundo y exhaustivo estudio lleno de comentarios antisemitas, infiltramos a uno de los nuestros en vuestra secta de anormales bañados en crack. Esto es un extracto de sus informes:

14/11/08 12:05 Día uno. Estoy dentro. La invitación falsa ha funcionado. He dispuesto una veintena de amigos fantasma como señuelos y he subido la remesa de fotos trucadas. Sólo falta esperar.

15/11/08 11:46 Día dos. Un par de chicas de Granada me han agregado como amigo bajo el pretexto de que “les parezco supermono”. Fallos en el traductor español-subnormal, he tenido que aprender la jerga local.

16/11/08 08:13 Día tres. He aumentado ya a 17 amigos. Aparezco etiquetado en 153 fotos, a pesar de que no aparezco físicamente en 147 de ellas. Las 6 restantes no sé ni de dónde las han sacado. He subido una docena de fotos de la reserva para disimular. Me han enviado una invitación a un evento, al parecer un macrobotellón en Valladolid. Empiezo a dominar ya su alfabeto y base de datos de emoticonos.

17/11/08 10:36 La Vane me ha enviado otro de esos test de compatibilidad. Yo creo que le molo a su amiga Susi. ¿Tengo agregado a su jardinero? Pos venga. Ah, y ya están las fotos de la pedazo de fiesta en Valladolid. Marisa, Rafa, Guille, Tomasín. Sois los mejores. Mmm, ya he acabado de ver las 350 fotos de Marina en la fiesta de su cumple. Voy a ver las de Paloma. Vale que sean mellizas y es la misma cámara, pero a lo mejor hay comentarios distintos. ¡Espera, espera! ¡Foto nueva en la que aparezco! A ver... Oh, dios mío, qué vergüenza. Si es con el tanga rojo. JAJAJAJA. “Anda que nos lo pasamos tope, tío. =)” dice el Jesús. A ver que le contesto. “Ya ves. Tío.” Me ha gustado. Estoy A TOPE. Voy a ponerlo en mi perfil. Estoy...a....tope... Vale, ya está.

17/11/08 10:39 Algo pasa. Hace 3 minutos que nadie me ha comentado, ni que salgo en una foto. Oh dios oh dios oh dios. ¿Ya no soy tan guai o qué? Que hago, que hago. Ah, ya sé. Voy al váter y luego le hago foto y etiqueto a todos. Seguro que así comentan. 10:40 Algo pasa. ¡¡¡ALGO PASA!!! Me siento tan solo...Mami...

A las 10:45 procedimos a su extracción. Los médicos le han diagnosticado lesiones atróficas en el lóbulo frontal y no saben cuándo saldrá del coma.


EN RESUMEN, SI AÚN NO TE HAS DADO CUENTA DE LO GILIPOLLAS QUE ERES DESPERDICIANDO TU TIEMPO DE ESTA MANERA. ¡ENHORABUENA! ASÍ NO TENDRÁS TIEMPO PARA TENER DESCENDENCIA Y LA SELECCIÓN NATURAL PODRÁ SEGUIR SU CURSO. EN SERIO, POR EL BIEN DE LA RAZA HUMANA: NO TE REPRODUZCAS.

lunes, abril 27, 2009

Buscando el significado de "ser humano"

Esto tiene que ver con ahora, esto tiene que ver con todos nosotros, conmigo y con mi futuro. El problema llega cuando somos capaces de hacer lo que no somos capaces de entender. Por aquí y por allí surgen cuestiones que inflaman debates y crean litigios entre ideologías y corrientes, entre países y comunidades, entre vecino y vecina. Y cabe resolver de tal embrollo que algo se cuece, y que ese algo es tan importante como difícil de solucionar (entiéndase aquí solucionar como encontrar una mayoría de acuerdo). En realidad no es un problema sino varios, seguro que les suenan: ¿aborto sí, aborto no? ¿Células madre sí, células madre no? etc, ya saben por donde voy. Y, ¿por qué tanta disparidad de ideas, de soluciones, de opiniones? Pues bien, de eso voy a hablar e intentar exponer mi punto de vista.


Cojamos el primer ejemplo que cito arriba: aborto sí aborto no. ¿Por qué aborto sí? Porque, ya sean parejas o chicas solas, hay mucha gente que no está preparada para tener un hijo, ya sea por escasez de dinero como de cualidades paternas (que las hay, y no solo en gente sin hijos), alegando también que el futuro hijo es suyo y es ella la que elige. Además se dan los casos de que los médicos detectan alguna malformación que impide a este futuro niño llevar una vida digna (discapacidades mentales, físicas, etc), y los padres ahorran a éste dicho sufrimiento. Todo esto adobado con que hasta que no nace o hasta nosequé mes no se considera asesinato. ¿Por qué aborto no? Porque, aunque sea feto o incluso embrión, es un ser humano y el aborto es un asesinato, porque si se dejase el aborto libre nadie llevaría moderación con el sexo y todo sería Sodoma y Gomorra, fornicando en cualquier sitio y si me quedo embarazada aborto y a seguir fornicando, porque eso sería manipular la voluntad de Dios, etc.


Sé que me dejo algunos argumentos de cada bando en el tintero pero sigamos con otro ejemplo: hubo un caso no hace mucho de un niño que se moría, y cuya única salida tras arduas investigaciones médicas era que necesitaban las propiedades totipotentes de células embrionarias para reconstruir no sé qué tejido (perdonad que no esté tan documentado). El caso es que, in vitro, espermatozoides de papi fueron a la caza de óvulos de mami y varios de estos fueron fecundados. De estos embriones sólo se necesitó uno para la terapia del niño moribundo, que resultó un éxito. Los demás embriones fueron desechados, y aquí es donde mucha gente se echa las manos a la cabeza. Algunos dirán "pero señores, entiendan la situación: niño vivo que se muere, puñado de células que curan... blanco y en botella..." y otros "esos embriones eran vidas humanas en formación, ¿de verdad es necesario el sacrifio de varios hermanos para salvar a uno?"


Podría escribir varios ejemplos más, como la eutanasia o la eugenesia pero créanme que se haría esto eterno. Hay un problema de fondo en todos ellos, y es que nadie tiene muy claro qué es el ser humano y cual es su valor. En qué supuestos hay que respetar la vida y en qué otros no. Se han creado diferentes corrientes antropológicas para intentar dar razones a lo que ellos consideran más importante: ¿La libertad del individuo para elegir vivir o morir, o la propia vida? ¿Cuando se considera ser humano, a partir de la fecundación, del feto, del nacimiento o cuando tenga conciencia? Para todas estas preguntas se necesita saber qué es el ser humano y qué valor tiene su vida. Eso es lo que falla y lo que provoca tanta diversidad de opiniones.


¿Qué significa ser humano? A la vista está que el término no sólo abarca a la especie, pues no se mata a una persona igual que se mata a un pollo. Nosotros nos damos un valor especial que nos diferencia significativamente de las demás especies, y a partir de él nos achacamos una serie de características y derechos inalienables, que dirían los ilustrados: derecho a la vida, derecho a la libertad, derecho a la dignidad humana, etc. Con estos derechos, o con la justicia del hombre, que es lo mismo, se argumenta sobre la vida y la muerte, es decir sobre los problemas actuales que nos presenta el avance médico. Pero, ¿de dónde sale ese valor especial que nosotros nos damos con respecto a otras especies? ¿Qué tenemos de special que nos obligamos a no matarnos, a tratarnos con un mínimo de respeto y, en definitiva, a no tratarnos como tratamos muchas veces a los animales? Pues la razón, a mi parecer, es el miedo. El miedo al dolor, el miedo a morir. Existe una identificación entre unos individuos y otros que hace que extrapoles el sentimiento que te inspiran ciertos hechos a otro individuo parecido a ti, y resuelves en ahorrárselo o hacérselo sentir, según si es desagradable o agradable para ti. Es como un egoísmo transmitido: el otro se parece tanto a mí que mi cerebro responde como si yo fuese él, y por lo tanto yo le trato como a mí me gusta que me traten. Es una respuesta neuronal y, por lo tanto, fisiológica. Por lo tanto, ese valor especial que nos damos es porque nos parecemos unos a otros (claro, somos de la misma especie), cosa que no aplicamos a las demás especies. Por eso no vemos mal que se maten gallinas o cerdos, porque no se parecen tanto a nosotros como para que nuestro cerebro extrapole a ellos nuestro egoísmo. Aquí existe una gradación, por lo que a los que se parecen más a nosotros, dígase chimpancés, perros (sí, nosotros reconocemos en el perro manifestaciones de sentimientos comunes a nosotros), etc. les otorgamos más derechos que a otros.


Hay que matizar también que ese proceso fisiológico de extrapolación del egoísmo es subjetivo y se puede modificar, por lo que no todos nos sentimos igualmente identificados con las mismas cosas. Por eso existe el racismo, el machismo, la homofobia, y demás variantes. Pero eso es otra historia.


Lo más curioso del asunto es que ese egoísmo extrapolado basado en la identificación por parecido (así, supongo, se llamaría esta teoría) no es único del ser humano sino que lo tienen muchos seres vivos. El miedo es un programa que llevan incorporado todo insecto, ave o mamífero (sólo hay que ver cómo retroceden ante una amenaza externa). La pregunta ahora sería: cual es el lugar del sistema nervioso que reconoce la amenaza y provoca el miedo y, por tanto, qué sistemas nerviosos (qué seres vivos) realizan esta función y cuales no. Y, correlativamente, cuales realizan ese egoísmo extrapolado y cuales no. Es el cerebro el gran desconocido, y por eso todavía no conocemos estas respuestas. Pero lo que sí es seguro es que algunas especies sí que tienen esta característica, como los simios, los perros... No sé si se han dado cuenta pero ese egoísmo extrapolado que hace que tratemos a los que se parecen a nosotros como creemos que deberían tratarnos a nosotros no es más que la justicia. Y dado que ese proceso fisiológico, aunque no de igual manera, se da en todos nosotros, podemos deducir que la justicia es innata, ya está programada, no la creamos nosotros. Y aún más, la justicia no es única del ser humano, también la poseen algunos animales


De todo esto se pueden sacar las siguientes conclusiones: 1. El ser humano se cree superior a las demás especies y, por tanto da mucha más importancia a su vida porque nuestro miedo a morir y nuestra predisposición natural a la vida (instinto de supervivencia) la trasladamos a los demás por reconocernos en los demás. 2.Los animales que también se reconocen en los demás y trasladan su propia predisposición a la vida a los de su especie darán más importancia a las vidas de su especie que a las de las demás, igual que nosotros. 3.Dado que el ser humano sólo puede mirar con ojos de ser humano es imposible establecer una valoración de la vida (¿cual es más importante, la vida del hombre o la del cerdo?) objetiva. 4.Por lo tanto, y para terminar, los que defienden que la vida humana es inviolable porque el ser humano por ser tal ya tiene una dignidad innata se equivocan de cabo a rabo.


Y perdonen la parrafada pero estas cuestiones son difíciles de convertir en palabras y, como digo al principio, tanto para los que han elegido mi carrera como para los que no, es importante planteárselas alguna vez en la vida.