miércoles, enero 26, 2011

Las mentiras, tan jodidamente bellas

Quisiera explicaros tantas cosas que esto acabaría por ser un diario-blog, y me niego en redondo. Por eso me voy a limitar a escribir aquí el séptimo capítulo de Rayuela para dedicárselo a Lara, Rodrigo, Luna, Fancy y Alicia.
Porque, aunque sea mentira, es una mentira jodidamente bella.



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mi para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


Julio Cortázar, "Rayuela"

(Pero se acabó la inmadurez)

sábado, enero 22, 2011

A veces, la felicidad es tan simple





que asusta.





... ¿A veces?

jueves, diciembre 30, 2010

El fragmento 101, F

Si nuestra vida fuera un eterno estar-a-la-ventana, si así nos quedáramos, como un humo siempre detenido, teniendo siempre el mismo momento de crepúsculo coloreando la curva de los montes. ¡Si así quedáramos, más allá de siempre! ¡Si al menos, más acá de la imposibilidad, así pudieramos quedarnos, sin cometer una sola acción, sin que nuestros labios pálidos pecasen más palabras!

¡Mira como va oscureciendo!... El sosiego positivo de todo me llena de rabia, de algo que es algo así como el gusto agrio en el sabor de la aspiración. Me duele el alma... Una lenta línea de humo se levanta y se va dispersando a lo lejos... Un tedio inquieto me obliga a no pensar más en ti...

¡Tan superfluo todo! Nosotros y el mundo y el misterio de ambos.


Fernando Pessoa: "Libro del desasosiego"
(Traducción de Perfecto E. Cuadrado)

P.D.: Siempre he sido como me lees.

miércoles, diciembre 15, 2010

Sobre el efecto de Internet en nosotros

Esto que dejo aquí es un post que ha publicado Marta Peirano en su "La Petite Claudine". Parece una soberana gilipollez en términos de ampliar el número de lectores el que yo cuelgue en mi blog algo que ella ya ha hecho en el suyo, ya que el mío juega varias ligas por debajo de éste (Marta es una merecida eminencia en la blogosfera), y, en esos términos, lo es. Simplemente lo reproduzco porque me gusta, porque es interesante, porque lo suscribo de arriba a abajo. Y ya está.
Aquí se lo dejo:

¿QUÉ LE ESTÁ HACIENDO INTERNET A TU CEREBRO?


¿Lees articulos interesantísimos de los que luego no recuerdas nada?¿Zapeas de enlace en enlace y te olvidas de dónde o porqué empezaste? ¿Pierdes interés después del tercer párrafo?¿Has cambiado la ficción por el ensayo o hace más de seis meses que no lees un libro?¿Se te va la mañana en Facebook,Twenty, Twitter, Flickr, eBay, Tumblr, Myspace o Youtube? ¿Compruebas la bandeja de correo constantemente? ¿Comes delante del ordenador?

Si la respuesta a tres o más de esas preguntas es sí, bienvenido al club: Internet te ha vuelto hiperactivo. Si no desaceleras y empiezas a leer libros de nuevo, te condenarás a un modelo de pensamiento superficial, basado en las decisiones instantáneas y la falta de concentración.

Eso es lo que dice Nicholas Carr, miembro de la liga All Star de periodistas de Nueva Economía y reciente autor de
The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains, donde explica que nuestros hábitos en la Red son lo suficientemente sistemáticos, repetitivos e instantáneos para reamueblar nuestro mapa neuronal y reprogramar nuestro proceso de pensamiento de manera casi irreversible. Cuando leemos en Red, explica Carr, nuestro cerebro está demasiado ocupado decidiendo si pincha o no en los enlaces, ignorando los anuncios y valorando el interés de los otros titulares para prestar atención a lo que lee, sin mencionar la interrupción constante de nuestros avisos de actualización (RSS, correo, SMS, etc). Al segundo párrafo nos impacientamos porque el navegador nos recompensa con deliciosas endorfinas cada vez que descubrimos algo nuevo, aunque sea irrelevante. O, en lenguaje psiquiátrico, cada vez que pinchamos un enlace recibimos una sardina. Leemos más que nunca pero no nos enteramos de nada, porque, como le ocurre al protagonista de Mad Men, ya sólo nos gustan los principios de las cosas. Todo lo que no nos proporciona la satisfacción inmediata de lo fresco, el subidón de lo nuevo o la velocidad de una introducción nos resulta insoportablemente aburrido.

Hay quien piensa que Carr es un ludita viejuno y que, al dejar que la tecnología dictamine nuestros hábitos de trabajo y de ocio, aumenta nuestra capacidad para utilizar dicha tecnología, somos mejores en Google, más rápidos encontrando lo que buscamos, más efectivos encontrando agujas entre la paja. ¿Para qué saber cuando se puede encontrar? Pero en esa carrera loca, advierte Carr, sacrificamos nuestra capacidad de hacer algo con esa información, abandonando los procesos congnitivos que llegaron a nosotros con la popularización del libro y que tienen que ver con la adquisición de conocimiento, la creatividad, el pensamiento crítico, la originalidad, el análisis y la reflexión.

Paradojicamente,
The Shallows se lee en un suspiro porque salta de la historia del libro a lo último en neurología como quien va de pestaña en pestaña, y ejecuta perfectamente la habilidad de decirte algo que ya sientes que es verdad, que el navegador se está quedando los mejores años de nuestras vidas y que todo lo que antes era importante -lo íntimo, lo reflexivo- ahora lo es menos, todo lo que antes era accesorio -lo popular, lo social- se ha vuelto esencial. Pero el tono también resulta incómodamente familiar: siempre que una tecnología altera nuestros paradigmas sociales, alguien se marea y vomita en el coche.

Jose Luis Brea celebraba, en su muy imprescindible
cultura_RAM (Gedisa, 2007), la transición de una memoria ROM (de almacén, de disco duro, estática) a la memoria RAM (de proceso, activa, de interrelación, producción y análisis) donde todos los monumentos del conocimiento caerán destronados por “la carga de potencia del instante presente”. Pero Jose Luis Brea no pasaba ni la décima parte del tiempo navegando que paso yo.

Será que Internet es como todo: si te pasas, no vale.

martes, diciembre 07, 2010

La levedad

Introducción

El asfalto poco a poco, imperceptiblemente, como avergonzado de reiterar su mismo ritual una y otra vez, va impregnándose de humedad al paso de las horas oscuras, y espera impaciente a que esa humedad, su humedad, adquiera al término de la noche el bello cariz de rocío, para así poder recordar con suicida nostalgia el tiempo en que se componían versos sobre él y el mundo brillaba importante y mágico.

Capítulo 1

Pero la noche acaba de empezar y en el asfalto sólo somos capaces de prestar atención al inmenso catálogo de calzado que se mueve de aquí para allá: vemos zapatos de cuero, marrones, negros, tacones altos de piel sintética rojos, bajos y beis, finos y blancos, gruesos y marrones, zapatillas converse de bota, blancos con franjas rojas, azules desgastados, negros, nueva colección de cuero con la estrella en la lengüeta; los cientos o miles de pies que llegan a transitar este asfalto en el que nos encontramos, que van, vienen, vuelven a irse y vuelven a venir, van embutidos en estilos, modas, escaparates andantes que pretenden dar idea de lo que ellos piensan es su carácter. Y si nos fijamos un poco más arriba encontramos en la ropa otro incentivo para pavonearse, ya digo, para dibujar con el corte y el estilo de las intencionadamente elegidas prendas un croquis de tu propio yo y mostrarlo a los demás croquis que pavonean alrededor tuyo. Es importante el exterior. Es importante etiquetarte, encontrar tu lugar en la sociedad, representar coquetamente tus gustos y aficiones, tus inclinaciones políticas y tus inclinaciones sexuales (las dos inclinaciones), tus filósofos predilectos, tus series favoritas, tus novelistas de pie de cama, “personalizar” tu yo e individualizarlo de los demás yos que eclipsan tu persona. Yo me represento, luego yo soy.

Capítulo 2


Pasan horas, estamos en un café oscuro poblado de humo y lleno de gente. Hay sillones que tienen encima personas que hablan y beben y fuman, y hablan y beben y fuman. Alguna come, otros se están besando, todos tienden a levantarse en algún momento y colocarse detrás de otra persona que tiene ganas de orinar. Pero eso dura poco: el tiempo restante, infinito, el cuerpo material del individuo queda literalmente fijo en el espacio, que es exactamente encima del cojín del sofá, y allí vuela, se deja llevar, ahonda con alevosía en ese lugar del yo narcótico donde vagabundea con conceptos mojados en alcohol, donde el subconsciente vomita para aliviarse de ideas que siempre son ridículas, aunque nunca lo parecen. El mundo, el tiempo, se reduce en dos sofás y cuatro amigos, los cuales comparten contigo el estúpido y liberador viaje a ninguna parte que esta noche repites satisfecho por enésima vez, como si ésa al cabo fuera la verdadera finalidad de tu vida: ir a ninguna parte; como si tu verdadera vida, la que vives, comenzara con el chasquido de la chapa de la botella de cerveza al abrirla, y lo demás, lo que pasa durante el día, fuera una excusa cualquiera de cualquiera de las excusas que conforman la sociedad. Trabajo, carrera. Excusas.

Continuará...

miércoles, noviembre 24, 2010

Jugband Blues o el ocaso de la cordura

Vean a Emily jugar. Vean colocarle un bombín a la cabeza del maniquí. Por otro lado, Arnold roba camisones de la cuerda bañada por la luna, y se siente liberado. Liberado, libre, anárquico, deliciosamente anárquico. De-li-cio-so...
Prueba a qué saben los planetas, a qué sabe el Universo. El universo con pintura. Rojo, amarillo, verde...estrellas brillantes...el todo...

Nada en el agua de música espacial, y déjate tocar: déjate tocar por ella.

Syd, ¿te vas? ¿te vas para no volver? Sí, es verdad: la música es arte, ¡arte! y los periodistas, estúpidos, y la vida, la vida de un genio, extraña, incomprensible. Los ríos de ácido lisérgico tienen una corriente muy traicionera y los esquemas de la mente, como la estructura de Jugband Blues, se van perdiendo en virutas de goma de borrar. La locura se aproxima, Syd, y tus ojos sólo parecen ver las cosas invisibles. Jugband Blues es tu última canción con la boca de Pink Floyd, y viéndote ahí sentado cantándola, después de hacernos viajar, a nosotros y al arte, por el espacio y por las sensaciones, intuímos que queda ya poco de ti en este mundo. El bombardino y la trompeta anuncian la locura como un paso inevitable hacia la inmortalidad. Mientras, tú te vas perdiendo en la incoherencia, solitario, con tu guitarra solitaria, e intentas, en un último esfuerzo agotado, mirar a los ojos al mundo que te abandona, y le preguntas:
¿Qué es exactamente un sueño?
¿Qué es exactamente una broma?

jueves, octubre 14, 2010

Papillon


Empezaron tus malditas palabras, que me sabían a fiebre y a literatura, a café y a dulzura, a cronopios y a locuras. Ahora me pides que deje de aparecer en tus sueños, y sin quererlo me pillas soñando contigo. Pero no sé ayudarte. Y a lo peor tienes razón.

Si busco tu rostro pienso que los rostros se tocan y tú y yo nos soñamos. Aunque nos soñamos te amo y porque nos soñamos te amo. Pero sí, cuando cierro los ojos admito con ansia que deseo rozar tus labios y mostrarte con su tacto el rostro que buscas. Pero ellos, tus labios, se esconden en este mundo ficticio de belleza a medias tintas, y tampoco los encuentro, y también me los tengo que inventar.

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Me salvaste de la rutina insaciable, y de algo más. Si no apareces, estás ahí.
Y no digo más. Quizá sólo sea una rabieta...

lunes, octubre 11, 2010

En el infinito del imaginario...



Escribir literatura consiste en descubrir puntos erógenos en el infinito del imaginario del alma.
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Sólo una imagen, 
producto de un puñado de palabras,
paf, 
y te estremeces de placer.

jueves, septiembre 30, 2010

Experimento con monos

Hoy en Psicología hemos estado hablando del conductismo y el condicionamiento experimental, y el doctor Nieto nos ha puesto algunos ejemplos de experimentos con chimpancés. Después de la clase, y al hilo de ésta, un compañero se ha acordado de cierto experimento con monos que leyó hace algún tiempo en Internet y nos lo ha contado. Ahora yo hago lo propio con ustedes para que puedan ver con él que a veces nuestros hábitos y costumbres tienen un origen oscuro de causalidad incierta que, a poco que reflexionemos, se tornan obsoletos e irracionales. Y además es bastante divertido.


"Un grupo de científicos encerraron a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos.

Cuando uno de los monos subía la escalera para agarrar los plátanos, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo.

Pasado algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo molían a palos.

Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos.

Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos.

La primera cosa que hizo el novato fue subir la escalera. Los otros, rápidamente lo bajaron, y le pegaron.

Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya nunca más subió la escalera.

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo.

El primer sustituido participó con entusiasmo en la paliza al nuevo.

Un tercero fue cambiado, y se repitió el suceso.

El cuarto, y finalmente el último de los veteranos fue sustituido.

Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos.

Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué apalizaban al que subía a por los plátanos, con certeza ésta sería la respuesta: "No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así".
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(texto facilitado por Akin)

domingo, septiembre 12, 2010

Todo lo que muere antes de llegar a la garganta (y final)

Ellas, las palabras que guardaba dentro de mí, tenían miedo: morían siempre, a la altura de la glotis.

Resolvieron, pues, en atravesar el océano en un barco de papel.

Ahora, Yann Tiersen escava agujeros en mi pecho, y yo no acierto a creer que el tiempo avanza...



Tengo el corazón inundado de rabia y de tristeza.

sábado, agosto 21, 2010

La época del "señorito satisfecho" (la vida como escalera mecánica, parte 2)

Escribí yo hace ya algún tiempo sobre una especie de apatía aburrida e insustancial que pulula por nuestras vidas como alquitrán espeso y pestilente. Pues esta idea, como era de esperar, ya se había expuesto mucho antes de que lo hiciera yo o cualquier persona de este tiempo (a pesar de que nos estamos refiriendo a un acontecimiento rabiosamente actual). Fue Ortega y Gasset quien, hace casi un siglo, pronosticó con todo lujo de detalles el tipo de hombre que colmaría las calles de hoy y tendría el control de la cosa pública. Él lo llamó el hombre-masa, y lo dotó de todas las cualidades que hoy inundan nuestras atiborradas almas.
Yo me quería centrar en este artículo en una de esas genuinas cualidades que presenta nuestro hombre-masa de hoy: la del niño mimado, y así le doy una segunda parte al cuento de "la vida como escalera mecánica".

Ortega y Gasset nos presenta a este hombnre-masa como un producto de los grandes avances tecnológicos y sociales del siglo XIX (recordemos que esto lo escribe a principios del XX): "La civilización del siglo XIX permite al hombre medio instalarse en un mundo sobrado, del cual percibe sólo la súperabundancia de medios, pero no las angustias. Se encuentra rodeado de instrumentos prodigiosos, de medicinas benéficas, [...]. Ignora, en cambio, lo difícil que es inventar estas medicinas e instrumentos y asegurar para el futuro su producción.[...] Este desequilibrio le falsifica, le vicia en su raíz de ser viviente, haciéndole perder contacto con la sustancia misma de la vida, que es absoluto peligro". Recibe todos estos avances como herencia de la historia, y por eso Gasset lo compara con el heredero aristócrata: "Este personaje [el hombre-masa] es el niño mimado de la historia humana. El niño mimado es el heredero que se comporta exclusivamente como heredero.[...] Nosotros tendemos ilusoriamente a creer que una vida nacida en un mundo sobrado sería mejor, más vida y de mejor calidad a la que consiste, precisamente, en luchar con la escasez. Pero no hay tal.[...] Es la tragedia de toda aristocracia hereditaria. El aristócrata hereda, es decir, encuentra atribuidas a su persona unas condiciones de vida que él no ha creado, [...] se encuentra en medio de su riqueza y sus prerrogativas. Él no tiene, íntimamente, nada que ver con ellas. Son el caparazón gigantesco de otra persona, de otro ser viviente, su antepasado. Y tiene que vivir como heredero, esto es, tiene que usar el caparazón de otra vida. Y, entonces, ¿qué vida va a vivir el aristócrata de herencia, la suya o la del prócer inicial? Ni la una ni la otra. Está condenado a representar al otro, por tanto, a no ser ni el otro ni él mismo". Después, Ortega y Gasset remata con: "Toda vida es la lucha, el esfuerzo para ser sí misma. Las dificultades con que tropiezo para realizar mi vida son, precisamente, lo que despierta y moviliza mis actividades, mis capacidades. Si mi cuerpo no me pesase, yo no podría andar."

Así es, pues, nuestra época, la época del "señorito satisfecho", llena de hombres falsificados. ¿Qué cómo se cura? Pues como todas estas enfermedades: conociendo la Hisotria, conociendo a todas esas personas a las que les debemos todo lo que nos rodea, leyendo, preguntándonos, etc.
Dice Pérez-Reverte, y con esto acabo, que para entender lo que somos tenemos que saber lo que fuimos. Pues eso.

domingo, agosto 15, 2010

Viaje a la Cataluña independiente

He pasado una semana en Cataluña, disfrutando del majestuoso circo romano de Tarragona, del maremagnum políglota de gentes que inundaban las ramblas de Barcelona, del grandioso techo del Palau de la música, de la cada vez más increíblemente bella Sagrada Familia... y, durante el viaje, no podemos evitar mis primos catalanes y yo, hablar largo y tendido sobre la independencia. El discurso de ellos, que yo entendí como el de la mayoría catalana no es tan elevado como se suele creer en el otro lado de las tierras españolas. Para entenderlos, lo único que hace falta es sentarse a su lado y escucharlos sin ningún tipo de juicio previo. Aquí recojo las ideas y los sentimientos que ellos me dieron a ver al respecto de la independencia de Cataluña, es decir, el problema visto desde dentro, y mis opiniones al respecto.

De lo que me di cuenta estando allí es que uno de los argumentos que todavía persiste en la mente de algunos catalanes como una resaca que no acaba de irse es el de la fascista represión española. Algunos (y recalco lo de algunos) la tienen tan calada que incluso ahora en cualquier movimiento del gobierno ven una sádica mengua de su identidad catalanista y una imposición a la fuerza de tradiciones españolas que nada tienen que ver con ellos. Por supuesto esto no es más que cierto resquemor que todavía les dura de la dictadura y que la mayoría no le da verdadera credibilidad.

Se podrían sintetizar, a mi juicio, en dos las razones de por qué los catalanes quieren independizarse y forman su propia nación: una es económica y la otra moral. La más importante de ellas, no se equivoquen, es la económica, que viene a resumirse así: las empresas catalanas producen muchos más beneficios que la mayoría de las empresas de otras comunidades autónomas, es decir, es un sustento bastante importante de la economía nacional. Así pues, los catalanes argumentan que el gobierno español se está llenando los bolsillos a su costa y que por eso mismo no les quieren dar la independencia, que ellos solitos son capaces de autoabastecerse. "Si Extremadura pidiese hoy la independencia se la concederían mañana mismo". En mi opinión tienen toda la razón en cuanto a que el gobierno central no tolera su independencia no por patriotismo sino porque no le sale rentable, al igual que considero egoísta y sin sentido lo de que se llenan los bolsillos a su costa porque estoy casi seguro (aunque no lo sé cierto) de que el Estado invierte proporcionalmente en cada comunidad autónoma en base a los beneficios que produce, con lo cual si Cataluña produce más también recibe más que otras comunidades.

El otro gran argumento es el moral, el patriótico. Antes que nada tengo que dedicar unas cuantas palabras en defensa del catalán como una lengua más, ya que el de la lengua es un discurso que todos los catalanes tienen clarísimo: hay que preservar el catalán, lo cual estoy completamente de acuerdo. Una lengua trae consigo la evolución histórico-social e incluso psicológica de una demografía concreta. Leyendo en ella encontramos el pasado de sus gentes, su historia y su identidad en cuanto a que conocemos sus derivas lingüísticas. Con lo cual sí, el catalán ha de sobrevivir, y para ello se han de tomar medidas públicas al respecto.

El argumento patriótico es muy simple: yo no me siento español sino solamente catalán, así que nadie tiene derecho a imponerme una nacionalidad que no siento mía. Para mí esto no tiene objeción ninguna, si todos los catalanes pensaran eso, a mi juicio, tendrían todo el derecho del mundo a independizarse. Dicho esto, sí quiero dejar algo claro en cuanto al patriotismo en general,y es que hay que llevar mucho cuidado con él porque el patriotismo es un arma de doble filo y se le tiende a dar más significados de los que posee. En otras palabras: esas distinciones que se crean entre las personas debido a la distancia geográfica (las costumbres, las regligiones, las lenguas...) son mucho más insignificantes que las cosas que nos unen por pertenecer a la misma especie. La patria, el nacionalismo, se deben interpretar como un acúmulo de circunstancias geográficas comunes que hacen que nos unamos más a las personas de nuestra región, nunca se debe entender el nacionalismo como un signo que nos diferencia de las demás personas de otros países porque las diferencias reales que hay son tan nimias y relativas (seguro que muchos alemanes o franceses o japoneses se parecen más a mí que algunos españoles) que no merece la pena crear esos abismos entre unos y otros que muchas veces suponen los gentilicios. Además de todo ello, estamos en el siglo XXI: la era de la globalización. La era de Internet y el neoliberalismo económico. Lo que toca ahora es que nos reconozcamos poco a poco en todos los rincones del planeta, y nos demos cuenta de que al fin y al cabo somos todos iguales en lo esencial: todos nos reímos, lloramos, sufrimos, amamos, etc. En este momento de la historia no podemos sino parecenos más unos a otros.

Así pues, respetaría la decisión si algún día se tomase, de que Cataluña sea una nación independiente, al igual que sigo defendiendo que las naciones, por la simple desvirtuación del sentimiento nacional, son peligrosas y para lo único que sirven es para alejarnos más entre nosotros.