lunes, abril 25, 2016

En la muerte no hay libertad. Hay nada. Y sobre la nada sobran todas las palabras del mundo. La nada es muda, ciega, inanimada, no piensa, no siente, no razona. Solo nada. No hay tranquilidad, no hay belleza, no hay música, no hay lágrimas, no hay melancolía, no hay esperanza. NO HAY NADA.

lunes, abril 18, 2016

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¿Qué ando buscando todas las noches en vela? ¿Por qué esa resistencia a sucumbir al sueño?
Pregunto porque ya sé la respuesta. Un camino, ahora que estoy varado en el área de descanso. Recurro al silencio de las horas oscuras porque es en esos momentos que dejo libre al caballo encabritado esperando que su pasión me arrastre al camino correcto. Me creía únicamente ocioso, pero mi maldito yo siempre está buscando, enfermedad platónica terminal que se retuerce en momentos calmos. Pero, ¿tan desordenado me encuentro? No, nada de eso. Me sientan mal los limbos, y ya. Lo bueno queda donde se disfruta, en las entretelas. Lo otro sale por no ulcerarse, viaja en nervio y acaba en danza muscular. Es ley en poesía. La justificación de las letras. Lo que nunca hiciste bien.

Sé el camino a tomar pero tengo miedo e invento excusas inconscientes. El miedo… siempre refractando las ideas, torciéndolas, creando dudas ficticias. Moriré batallando contra el miedo, estoy seguro. Pero lo difícil, reconocer que es esa y no otra la verdadera y eterna batalla, ya lo he hecho. Me queda ese consuelo.

viernes, febrero 12, 2016

El efecto mariposa

Cuando todo terminaba, cuando todo acababa para volver a empezar de nuevo yo. Cuando desembocaba el río y yo me sentía ya huérfano de la cárcel y perdido frente al futuro. Cuando el determinismo del mundo me señalaba como su obra acabada y presta a engrosar filas, una vieja mariposa se cruzó en mi camino...

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La mariposa traía los colores, traía la belleza de la tierra mojada, traía las letras arrancadas del pecho, traía las lágrimas de alegría que brotan de empalmes de besos.

La mariposa traía los trozos de mí mismo que fui abandonando por el camino. Y cuando los tomé, todos tenían el reflejo de sus alas tatuado.

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Ahora la cabeza me da vueltas, y una y otra y otra vez me pregunto si podría llegar a ser pecado sentir tanta felicidad junta. Porque estoy enamorado de una mariposa que batió las alas a miles de kilómetros y ha conseguido poner mi alma patas arriba.

domingo, febrero 07, 2016

Que horrible es quererte.
Que ridículo es quererte.
Dicen.
A mí sólo me sale
Que inevitable es quererte.


Ah, estoy de vuelta.

sábado, enero 03, 2015

Echar de menos un rincón extraño

Te echo de menos, blog. Hola.
Las otras putas que se ofrecen engañosamente a cuidarme las ideas acaban despidiendo siempre un tufillo a frivolidad que dejan al descubierto el vacío de sus cariños, lo impostado de sus caricias. El rápido olvido como rápido sea el descenso del cursor. Bah.
Tú disimulas mejor. A mí me reservas siempre la página entera. Guardas mis palabras. Las atesoras en este rincón extraño. Sé que no depende de ti, que sé que me quieres, sino de Blogger, nuestro amado y odiado proxeneta, que follaríamos y escupiríamos a partes iguales por habernos presentado y habernos esclavizado: tú de él, yo de ti.
Pero hablaba de que te añoraba. Sí. Porque algunas veces se me vuelven a dilatar las entretelas, y no hay quien escuche como tú.
Algún día te volveré a tratar como te mereces. Te lo juro. Déjame un tiempo que recabe ideas, que acabe la universidad. Entonces me volverás a tener.

domingo, junio 15, 2014

Tiempos de tristeza y renacimiento.




miércoles, junio 11, 2014

La importancia

¿Qué buscas aquí, lector? ¿Con qué disposición, e incluso pasión -me atrevería a decir-, te acercas a estas palabras? ¿Es pasatiempo? ¿Distracción, quizás? ¿Es simple desperezo mental antes –o después- de ponerte con otra cosa? ¿O acaso buscas algo más? ¿Con qué grado de pasión y sinceridad, a su vez, crees que he escrito yo este texto? Pregúntate estas cuestiones, lector, porque quizá las respuestas que encuentres sean las mismas que yo encuentro cuando pienso en los últimos meses de mi vida.

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Quizá esa mirada atenta, anhelante de pasión y Verdad que recorre textos, o cielos, o árboles, o cines, o cuerdas, o vientos… sea la gran ausente de todo esto. Y, ¿qué es todo esto sin esa necesaria facultad de mirar?

Es intrascendencia.

Es vacuidad, es irrelevancia, es idiotez, es futilidad. Me revuelco todos los días en estos adjetivos. Horas. Días. Semanas. Meses. Todo es una espera mansa e insustancial (intrascendente, vacua, etc.) hasta el hipotético final. Hablo de la carrera universitaria. De la formación de seis años. Seis años. Seis años. Seis años.
Yo caí en un error inmenso que me propició mi propia carrera: supeditar toda la vida a los exámenes. Dicho de otro modo: todo es menos importante que los exámenes. Dicho de otro modo: nada es importante excepto los exámenes.

Suena exagerado. Esperpéntico. Te aseguro que no. Ocurre, y no pocas veces. Se gesta poco a poco, pero al final adoptas esa actitud. Son muy pocas cosas las que escapan a esa norma, muertes cercanas y poco más, diría.
Es a donde puede llevarte una carrera que te requiere casi todas las horas del día durante nueve o diez de los doce meses del año. Es la inercia de pensamiento al que te lleva esa desquiciada proporción.

Por eso, ya no hay mirada que valga. Ya no tiene nada importancia. Ni un texto, ni una conversación, ni un lugar. Nada. Hay que estudiar. Y meses después, hay que estudiar. Y meses después, hay que estudiar. Y, ¿mientras? Nada. Nada.

miércoles, julio 10, 2013

En una habitación

Pienso en no moverme, que no rocen los eslabones entre sí, que no pueda confundirlos con el sonido del hambre.
Somos dos curvas perpendiculares la cadena y yo: ella sonríe y yo le hago de mejilla opulenta con mi espina seca y reventada. Las rodillas me chillan desde el suelo; el cuello, me tiembla como me tiemblan los instintos; las muñecas, se retuercen entre los grilletes tras de mí y me recuerdan a cada bandazo de rabia mi condición de preso ineludible.
Tengo hambre. Tengo mucha hambre.

Si me olvido, incluso puedo estirar los brazos, incluso respiro aire fresco y dejo de ser pasto de inquietudes, de hambre. Incluso soy yo y no lo soy. La quietud de la estancia, los azulejos blancos y viejos, el mármol, el charco de agua sucia que se extiende lenta y sinuosa por las juntas de los baldosines, todo me rodea y me esconde y me apresa, y en momentos sus paredes cortan como cuatro guillotinas las cuerdas que me unen con mi haber sido y mi llegar a ser. Y entonces sólo soy un yo atado de rodillas en una habitación.

Pero tengo hambre... Sí, tengo hambre, y el hambre no sale de los azulejos, ni del yeso de las juntas.
Y es que me equivoco, me equivoco: ahora no quiero callar a los eslabones, quiero oirlos bien fuerte, que formen terremotos en este maldito aire calmo, y lo rajen de arriba a abajo de la habitación como si hubiera alguien vivo aquí dentro. Quiero salir en forma de ruido y de gritos.
Quiero oirme a mí rugiendo de hambre.
Quiero que los azulejos sepan que me muero exigiendo comida.

domingo, mayo 26, 2013


De un hilo me ataron cuando nací.

viernes, mayo 10, 2013

La megalomanía artística

"Hay lugares extraños, cerebros extraños, extrañas regiones del espíritu, elevadas y miserables. En las periferias de las grandes ciudades, allí donde las farolas son más escasas y los gendarmes patrullan por parejas, hay que subir a las casas hasta que ya no es posible continuar, hasta buhardillas de techos oblicuos en las que jóvenes y pálidos genios, criminales del sueño, meditan abstraídos con los brazos cruzados; hasta estudios baratos y elocuentemente decorados, donde artistas solitarios, indignados y consumidos por dentro, hambrientos y orgullosos, en medio de un humo espeso de cigarrillos, luchan con los últimos y furiosos ideales. Aquí está el fin, el hielo, la pureza y la nada. Aquí no tiene validez ningún acuerdo, ninguna indulgencia, ninguna medida y ningún valor. Aquí el aire es tan casto y está tan enrarecido que los miasmas de la vida ya no pueden vivir. Aquí reina el desafío, la perseverancia extrema, el ego supremo desesperado, la libertad, la locura y la muerte."

Thomas Mann, En casa del profeta.

jueves, marzo 28, 2013

¡Alma de aventuras, cósete al viento y vuela!, que yo me quedo en las proviencias varado, tieso como una estaca, esperando a que la hojarasca aproveche el miedo y me sepulte.

miércoles, febrero 13, 2013

Interludio

Recoged el tiempo que hay entre post y post, pues todo ese silencio es mi consideración hacia vosotros, intrépidos lectores, que os la jugáis con este blog cualquiera.
Quisiera anunciar ya el final del último silencio y comenzar otra vez con las palabras, con el insomnio sentimental de Wernicke o, acaso, sólo el intelectual, pero tendré que seguir regalándoos silencio, pues no es este el hombre al que vosotros querríais leer, ni esta es la cabeza  que yo querría que os escribiera.